Memorable rincón de mi pueblo
Colón y San Ignacio fueron los nombres de dos calles de Jovellanos. El primero, en honor a Cristóbal Colón, el Gran Almirante, a quien debemos el descubrimiento del Nuevo Mundo. El segundo, en memoria de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús o Jesuítas, venerada figura de la Iglesia Católica. Personalidades históricas consagradas a la inmortalidad de la conciencia humana por hechos relevantes que datan poco más de cinco siglos.
Estos patronímicos representaron orgullo y dignidad para humildes calles de mi pueblo a las que hace algunos años despojaron de los mismos para identificarlas con números. Sin embargo, las recuerdo por sus únicos y verdaderos nombres.
Colón va de norte a sur por casi un kilómetro de largo y unos seis metros de ancho; atraviesa una buena parte de la localidad desde San Felipe o el punto en el que estuviera la línea del ferrocarril hasta finalizar en Santa Ana. San Ignacio es más pequeña, se prolonga de este a oeste a partir de su entronque con Esperón y concluye en San Lorenzo.

Lugar donde existió la casa que habitara la familia de Manuel Gómez y Agueda Herrera. La imagen actual es muy diferente, pero el azul inmaculado del cielo de Jovellanos es el mismo. Foto Feb. 2009
Ambas corren perpendiculares. En su punto de encuentro dan vida a la esquina donde existió la vivienda que por años cobijó a la familia de prole numerosa que formaron Manuel Gómez y Agueda Herrera, mis abuelos maternos.
Fue una típica construcción de las primeras décadas de la pasada centuria con paredes de ladrillos unidos por mezcla de arcilla y arena y techo de alto puntal de madera cubierto de tejas. Tenía amplia sala, saleta, varias habitaciones, baño, cocina, alargado pasillo cementado cubierto por la propia techumbre de la casa, en parte del cual se situó el comedor; al final un patio no muy grande en uno de cuyos extremos se erigió un pequeño baño.
En esa casa, muy joven aún, murió mi abuela Agueda. Junto al dolor por la irreparable pérdida, Lilia, mi adorada madre y su hermana mayor, mi querida tía Blanca, enfrentaron los quehaceres domésticos y el cuidado y crianza de sus hermanos más pequeños; responsabilidades que cumplieron admirablemente.
En esa morada se realizó la boda de mis padres y años después nacerían mis hermanos. Innumerables vivencias de nuestra infancia transcurrieron en ese sitio y sus alrededores, pues aunque después vivimos en otro lugar, una gran parte del tiempo la pasamos allí con mi abuelo, tías y tíos, en el entrañable calor familiar y el cariño que nos prodigaron.
En reiteradas ocasiones mi abuelo, en su camión o al volante de su Willys, nos paseaba por el pueblo. Disfruté el privilegio de sus atenciones al ser su primer nieto: más de una vez me llevó a Mordazo, poblado de la provincia de Las Villas donde tenía tierras en arriendo sembradas de arroz. Para él era un viaje de negocios, para mi el recorrido por la Carretera Central, lo acontecido durante el mismo, las ocurrencias por las guardarrayas y arrozales con sus canales anegados de agua y pasar la noche en un bohío en campo abierto, resultaron maravillosas excursiones. También le acompañé a Los Arabos donde él compraba paquetes de dulce de guayaba en cajitas de madera y otros productos en la fábrica de dulces en conservas de esa localidad, mercancías que en oportunidades le ayudé a distribuir por los establecimientos comerciales de Jovellanos.
Mis queridas tías Haydeé, Marta y Carmen recordaron en conversaciones conmigo, ya siendo mayor, que cuando niño, para complacer mis deseos, me llevaron muchas veces hasta la línea del ferrocarril para ver pasar el tren y después exijía que me dibujaran en un papel “la locomotora, pero con alijo y todo”.

Amplios badenes de Colón y San Ignacio en muy mal estado. En azul claro, muy diferente, donde habitara el señor Paulino Jiménez y su familia. Foto Feb. 2009
En ese pedazo de mi pueblo compartimos juegos y fantasías infantiles con los niños de la vecindad, entre ellos: Roberto, Omar, Chingo y su hermano Angelito, Tata, Santiago, José, Agustín y otros. Allí se jugaba mucho a las bolas o canicas en diferentes modalidades ( roli, chocolongo, kimbo y cuarto ). Nos gustaban en especial los días lluviosos, pues en los amplios badenes de las calles se formaban “ríos de fuerte corriente” por los cuales descalzos y muchas veces bajo el aguacero chapoteábamos y corríamos o echábamos a navegar barquitos de papel, de yagua o madera.

De izquierda a derecha las casas donde habitaron: Emelina Morales y su familia; el sitio donde estuviera el parqueo de carrozas fúnebres ( se aprecia la acera cortada por la rampa de acceso ) lo convirtieron en casa de una familia; a continuación los Mantilla; los Fuentes-Azpeitia; y los Gómez-Herrera. Foto Feb. 2009
En Colón y San Ignacio habitaron numerosas familias y personas a las que recuerdo con cariño y afecto, entre ellas: Rafael Fuentes y Ana Azpeitia, con sus hijos Rafelito, Daysi y Nidia, vecinos inmediatos. Frente a la casa que ocupaban permanecia estacionada, cuando no estaba en funciones, la guagüita que daba viajes a Carlos Rojas. Muchas veces ví trabajar incansable a Rafael en la reparación de este vehículo con la ayuda de su hijo.

De izquierda a derecha: final de la casona de las Azpeitia; los Bordabeheres-Suárez; los Morales; y donde estuviera el parqueo de carrozas fúnebres convertido en vivienda. Foto Feb. 2009
Muy cerca la morada de Delio Bordabeheres y Benita Suárez con sus hijos Ileana y Roberto, mi amigo más cercano en aquellos tiempos. En el hogar de esta familia ví la televisión por primera vez y gracias a su generosidad, junto a otros muchachos del barrio, disfrutamos de los Muñequitos y de las aventuras de El Llanero Solitario.
También estaban los Mantilla, la familia de Emelina Morales y la de las Azpeitia, entre ellas la venerada Antonia Faura de Azpeitia y también Guillermina Fernández Roldán. En la acera de enfrente los Leonard, con Armando e Icha y sus hijas Ediht y Luisa, esta última aun vive allí . Muy cerca residía la familia de Paulino Jiménez y la de Los Moros (perdón por no recordar sus apellidos).
En las cercanías, por San Ignacio, el matrimonio de José y Fidelita, ella fue una de mis maestras de Artes Manuales; la familia de Pello y Zunilda; y la de Casteleiro. De otras personas no logro memorizar sus nombres y apellidos, pero las recuerdo con igual estimación.
En Martí y Colón existían las bodegas de Eriberto el chino y La Complaciente de Gaudelio Llerena, también el kiosco de Tingo, comercios a los que muchas veces acudí a realizar “mandados”; al chino Eriberto le pedía la “contra” de caramelos de ” rompe quijá ” y que recuerde, en todas las ocasiones me complació.
En las proximidades está El Paseito con el Monumento en homenaje a las Madres y el busto del Lugarteniente General del Ejército Libertador, Mayor General Antonio Maceo Grajales, área de significado especial por lo que ambas obras simbolizan. A unos pasos permanecen la que fuera Escuela #4 ”José Cadenas” y la Iglesia Metodista, la cual continúa siendo una de las más bonitas del pueblo; existieron otros comercios y casas de viviendas de personas a las que también aprecio.
Colón y San Ignacio y sus alrededores conforman el memorable rincón de mi pueblo, en el que junto a mis familiares queridos y en medio de la vecindad colmada de gente buena, vivimos días inolvidables.
GALERIA DE FOTOS

Por Colón hacia Martí- Maceo-Clemente Gómez. Se observa el costado de la casona de las Azpeitia y la bodega que aunque esté muy lejos de serlo, continúa llamándose La Complaciente. Foto Feb. 2009

A la derecha donde habitara Paulino Jiménez y su familia. Al final termina San Ignacio en Esperón. Foto Feb. 2009


Julio 9, 2009 at 4:06 pm
FANTASTICO!,me traslade a nuestro pueblito y a la casa de mi abuela y tios,fabuloso es el web que estas haciendo,continua que nos haces muy felices. Ojala un dia pueda verte en persona, aunque soy mayor que tu, me admira ese amor tan grande hacia el terruño. Dios te Bendiga, con mucho afecto siempre.
Silvia
Julio 10, 2009 at 8:30 pm
Jorge:
A veces la indiferencia,los descuidos o el ajetrear diario,nos separa de cosas que tienen mucho valor sentimental. Nos conocimos en una fiesta de la gente de Jovellanos y se que eres amigo de mi hermano Juan Falcon.
Pero despues de la fiesta…..perdidos,yo bien y tu…
¡¡ Que verguenza.!!Ahora al ver el blog,y lo que señalas de San Ignacio y Colón,me sentí incómodo,( no me eches la culpa a mí,si no a los años.)cuando hablas de tú mamá Lilia y tu tía Blanca.
¡¡¡ Increíble.!!! No quisiera equivocarme,ya tengo sesenta y nueve años (69 años.)pero si la mente no me falla,la recuerdo como una rubiecita muy graciosa,( o ella o Blanca.) porque la(s)veía,casi a diario,pues yo vivía,al pasar de la casa de Paulino Jimenez,hacia la línea,en la última casa,antes estaba la casa de Atanasio y de Gollo.Un poquito mas hacia la línea,me hubieses fotografiado donde vivía a los 8 o 10 años.
Frente al lateral de Paulino,vivian Los Gayosos.¿ Te acuerdas.?
Mi Padre,le compró el kiosco a Tingo,que estaba frente a la complaciente de Dago.
Cuántas emociones me has hecho revivir.Te lo agradezco.
Mis saludos y una vez mas mi agradecimiento,por esa labor tan bella y profunda,que realizas.Jesús R.Beruvides.