LA GRAVI vive en mi memoria

Publicado febrero 2, 2021 por Jorge
Categorías: Jovellanos, La Gravi

Siento gran aprecio por la vida sencilla y las irrepetibles imágenes del acontecer de mi natal Jovellanos; me complace remontarme a su pasado. La sencillez con que vivíamos hacía más fácil encontrar las virtudes de la gente. Hoy, una especie de ensueño me lleva a la ilusión de una época de encanto indescriptible… ¡A los tiempos de LA GRAVI!

Esta compañía existió desde mucho antes, para mi familia alcanza especial significado a partir del 20 de Octubre de 1946, día en que mi padre se convierte en uno de sus empleados. Faltaba un año y varios meses para mi nacimiento. En ese momento el joven Agapito Miguel Ramón Marín tiene 22 años de edad, posee conocimientos elementales de contabilidad adquiridos en la Escuela de Comercio de Matanzas y cierta experiencia en el registro de operaciones económicas alcanzada durante su  labor en dos importantes entidades jovellanenses de aquella época: el Banco Naranjo y Alonso Lee y Compañía. Procede de familia escasa en recursos materiales, pero  acaudalada en cualidades morales, en estimación y aprecio de sus coterráneos. Tales precedentes le permiten  optar por un empleo en la prestigiosa Oficina Central de LA GRAVI.

Muchos años después, durante una de mis visitas a Jovellanos, mi padre y yo, sentados en uno de los bancos del parque Domingo Mujica, bajo la acogedora sombra de sus palmas y flamboyanes, conversábamos animadamente y mirábamos pasar la gente. Y mientras respondíamos el saludo de algunos, me contaba episodios de su vida. Yo lo escuchaba atento y complacido. En cierto momento hizo una pausa para señalar una casa de dos pisos que teníamos al frente, moderna y elegante, fue una de las construcciones más bonitas del poblado. Entonces me dice: ¿Tú ves esa casa, hijo…? ¿Te acuerdas…? Allí, en la segunda planta vivió Orlando, mi mejor amigo, con Hilda y sus hijos. Gracias a él empecé a trabajar en LA GRAVI… Y en medio de sus emotivos recuerdos, me contó cómo logró ese empleo.

Orlando Fernández, estimada persona de buena posición económica y social y excelentes relaciones en la esfera de los negocios en la localidad, le sugiere la idea y le asegura su ayuda. Realizadas las gestiones iniciales mi padre es citado para una entrevista de trabajo. Se presenta ante dos señores que ocupan cargos de responsabilidad y gozan de la confianza de los ejecutivos de la firma. Su amigo le acompaña. Le preguntan acerca de su preparación profesional y experiencia laboral y le someten a una prueba de conocimientos, le dictan un problema que debe resolver en corto plazo: A partir del supuesto de quemarse accidentalmente los libros, rehacer la contabilidad de la  empresa durante un año.

Le entregan las facturas de las materias primas de ese período y otros datos que para él resultan confusos. Como es natural se sentía nervioso y al escuchar el complicado enigma y mirar los papeles que le facilitan queda perplejo, sabe que no podrá resolverlo. Orlando, quien está presente y conoce a los examinadores, expresa desacuerdo con  la complejidad de la tarea, argumenta que tal problema es posible lo resuelva alguien dotado de conocimientos profundos y larga experiencia en los quehaceres de la contabilidad. Su reclamo causa efecto y aligeran el examen, mi padre lo pasa y felizmente lo aceptan para trabajar en la Oficina, empleo que le permite asumir el sustento del hogar que funda meses más tarde al contraer matrimonio con una hermosa muchacha jovellanense de cualidades excepcionales, el amor de su vida, Lilia Gómez Herrera, mi inolvidable madre querida, hecho memorable que acontece el 6 de Febrero de 1947.

En sus conversaciones conmigo, más de una vez recordó agradecido ésta y otras acciones de su amigo Orlando Fernández, quien junto a su esposa, Hilda Naranjo, fueran los padrinos de bautismo en la Iglesia Católica de mí desaparecido hermano Nelson de la Caridad Ramón Gómez.

Agapo comienza en la modesta posición de tarjetero de las máquinas IBM. Más adelante le asignan responsabilidades en el registro de operaciones económicas en los libros de la empresa. Al paso del tiempo, tras recibir la capacitación requerida, le encomiendan junto a otros, la elaboración de las normas de los puestos de trabajo. Gran parte de su vida la consagra a esta industria donde acumuló  39 años de continua actividad laboral; en 1985, por razones familiares y de salud, se acoge a merecida jubilación.

Mis hermanos  y yo, junto a mis padres, disfrutamos de un hogar sin holguras, pero decoroso, nunca nos faltaron los alimentos y no pocas veces los compartimos  en nuestra propia mesa con personas necesitadas. Disponíamos de lo requerido para vestir, calzar y asistir debidamente a clases en una de las Escuelas Públicas de la localidad. Podíamos tomar el agua fría y conservar los alimentos en un sencillo equipo de refrigeración. Al paso del tiempo disponíamos de un pequeño televisor en el que junto a otros niños, amigos de aquellos años, disfrutamos de los Muñequitos y las aventuras de El Llanero Solitario. Todo esto gracias al salario que recibía papá como empleado de LA GRAVI.

Propaganda Comercial en la revista Bohemia.

En mi casa fuimos asiduos consumidores de los productos fabricados por esta compañía. En mi memoria el imborrable recuerdo de mi querida madre “pegada” a la batea.

Movía enérgica los brazos sobre la lavadera, instrumento de madera de superficie rugosa sobre el cual restregaba la ropa sucia con Rina, el insuperable jabón de lavar, para dejarla muy limpia y después enjuagarla, exprimirla y ponerla en la tendedera a fin de secarla al aire y al sol. Dura labor que realizaba una o dos veces a la semana para permitirnos, tras plancharla primorosamente, vestir con pulcritud.

La Reina de las Cremas Dentales

No olvido el frescor y la higiene bucal obtenida al cepillarme los dientes con la Pasta Gravi, la Reina de las Cremas Dentales, ni el uso del jabón Suave durante el baño y su fragante jabonadura que dejaba limpia y tersa la piel. El desodorante en forma de crema contenida en potes de grueso cristal y posteriormente en sólidas barras envasadas en pequeños frascos de plástico acentuaba el olor a limpio y perfumaba el cuerpo después de bañarnos; ni qué decir al sumar la utilización de la colonia para asegurar un agradable aroma personal.

Propaganda Comercial en la revista Bohemia.

También usamos el talco para niños y el de adultos, la crema de afeitar y otros artículos que lanzara al mercado esta industria. 

Durante mi infancia visité varias veces la Oficina. Desde mi casa caminaba algunas cuadras, atravesaba el parque Domingo Mujica y me adentraba por la calle Enrique Villuendas; allí me envolvía la suave y familiar fragancia, inexplicable para quien desconociera que a pocos pasos se desarrollaba la elaboración de una parte significativa de las producciones de LA GRAVI, y me dirigía hasta un edificio de dos pisos  que aún se conserva, el cual desde hace tiempo alberga una institución municipal de triste designación: el Tribunal Popular de Jovellanos. En el piso inferior existía un ancho pórtico metálico retráctil que daba acceso a la planta donde se elaboraba la pasta dental. Unos pasos más, ante el mismo lugar permanece la alta puerta de madera que durante el horario laboral se mantenía entornada y tras ella, angosta escalera. La curiosidad me impulsaba a rápido ascenso por sus estrechos peldaños de mármol blanco, algunos mostraban el desgaste ocasionado por el uso continuo a través de los años. Al vencer el tramo final aparecía el segundo y último nivel de la edificación. Ante mi atenta mirada surgía un horizonte novedoso y querido: el sitio donde trabajaba mi padre.

Siempre me impresionó la Oficina. Ocupaba un espacio aproximado de veinte metros de largo por cinco de ancho con altas paredes y columnas de apoyo interiores, en varias de ellas colgaban retratos de los creadores de esta firma. Su piso, compuesto de mosaicos blancos y negros combinados a semejanza de gigantescos y repetidos tableros para jugar a las damas o al ajedrez, y en cierta parte con figuras y colores diferentes, permanecía limpio, poblado de escritorios y mesas de trabajo con sus butacas o sillas, sobrios muebles de buena madera situados y ordenados a partir del uso racional del espacio disponible, equipados con calculadoras, máquinas de escribir y diversos útiles… Y tras ellos, en sus puestos, lo más importante, hombres y mujeres capaces, de buen porte, vestir sencillo y elegante, dedicados a sus funciones: los empleados de la Oficina.

En la Oficina, de izquierda a derecha: Rubén Vicente, Antonio “Chichí” Génova, Arístides Menéndez, Manuel Piedra, Ismael González, Reinaldo Montero, Marino Quirantes, Plácido Valdés, Roberto Asso y detrás, Agapito Ramón.

Después que le avisaran, mi padre me recibía y con sano orgullo filial me llevaba ante algunos de sus compañeros para presentar al mayor de sus retoños. Ellos me miraban sonrientes, me saludaban con frases y gestos de aprobación: “Agapito, ¡qué grande está tu hijo…!”, decían Armanda y Esther y me daban un beso. “¡Agapo, ya lo puedes llevar de cacería contigo…!”, exclamaba Chichí. “¡Agapo, ya tienes un hombre que te sustituya en la casa…!”, expresaba Ismael. De tal modo, sin proponérselo, me hacía pasar un poco de pena, no me resultaban agradables aquellas presentaciones. Al pasar los años y tener la dicha de ser padre comprendí su conducta y me arrepiento de reprocharle, aunque nunca le hablé de ello.

En la Oficina, de izquierda a derecha: José Ramón Vázquez, Aida González, Romualdo Hernández, Aracelia Bidondo, Leandro Lima, Armanda Curbelo, Servando Gutiérrez, Bienvenido Morales (detrás), Esther Sánchez, José “Pepe” Santodomingo y Orlando Díaz.

Gustaba encontrarme con uno de los empleados, Mario Montero, quien tras saludarme, preguntar cómo me iba en la escuela y escuchar mi positiva respuesta, sonreía y me invitaba a que le acompañara. Iba con él seguido de Agapo hasta un pequeño local interior donde guardaban los materiales y utensilios de oficina; en más de una oportunidad allí me obsequió lápices de escribir y marcadores bicolor, gomas de borrar, cuchillas para sacar y afilar la punta de los lápices, reglas graduadas y alguna libreta o block de papel. Fue en la Oficina donde por primera vez, maravillado, pude ver y utilizar, con la ayuda amable de alguien del lugar, el pequeño equipo de refrigeración para tomar el agua fría en vasitos de papel.

Soy testigo de la estimación a la que mi padre se hizo merecedor entre sus compañeros, de las sinceras y diversas maneras que le manifestaran afecto y amistad. Disfrutaba de tal aprecio, entre otras razones, por su dedicación en ayudar a los demás. Fue el precursor y organizador de la entrega de juguetes a los niños pobres el Día de los Reyes Magos, labor que desplegara con el apoyo de los trabajadores y los ejecutivos de la compañía. Conocedores de su generosidad, personas necesitadas lo buscaban, se le acercaban para que les ayudara en la compra de alguna medicina o resolver otro problema. En estos casos, además de contribuir de su propio bolsillo, hacía colectas el día del cobro de la quincena y lograba reunir el dinero requerido para solucionar muchas de las peticiones. Por tales motivos encontró incomprensiones. En cierta ocasión, uno de sus compañeros, molesto por su insistencia en realizar este tipo de acciones, irritado le dijo: “Mira, Agapito, si tú le hiciste una promesa a algún santo… ¡cúmplela viejo… pero deja vivir a los demás…!”Mi padre le respondió en buenas maneras que no había hecho tal promesa y le habló del importante deber que todos tenemos de ayudar al necesitado. Otra razón que pudiera explicar tales simpatías fue su participación en el Club Deportivo Gravi como integrante del conjunto de pelota que compitió en el campeonato amateur de la Liga de Corralfalso (Pedro Betancourt). Se desenvolvió como pitcher y me dijo que ni mucho menos  llegó a ser una estrella, pero cuando lo ponían a jugar, como es natural, trataba de que su equipo ganara.

También me atrajo la enorme edificación de la fábrica de jabón, conocida en el pueblo como La Jabonería. Un sinnúmero de veces pasé ante su entrada principal en la calle Daniel González o por uno de sus costados, al borde de la José Cadenas y también por el fondo, al caminar por las inmediaciones de la línea del ferrocarril, cerca del “Callejón de los Perros”, ocasiones en las que presencié la maniobra de trenes de carga por el ramal que conducía a su parte trasera para llevar materiales y en otras dejar vagones que posteriormente eran cargados de cuantiosas cajas de jabones Rina y Suave y otros artículos a fin de enviarlos a diferentes provincias y a la capital del país en cumplimiento de los compromisos comerciales de la firma. En oportunidades observé con inquietud el escape de gruesa humareda de vapor por las tuberías sobresalientes en puntos de su pared lateral y también sentí, varias cuadras a su alrededor, aun más fuerte en dirección al desplazamiento del viento, el desagradable olor a sebo, materia prima principal con la cual se llenaban las grandes pailas o calderas donde junto a otros ingredientes se cocinaba esta sustancia para hacer las templas de jabón y elaborar los famosos productos.

Más de medio siglo después permanece fresco en mi memoria el siempre puntual e inconfundible sonido: el pito de La Jabonería con el cual temprano en la mañana llamaba a sus trabajadores a ocupar sus puestos de trabajo y de seguido la inolvidable voz de mi querida madre, quien ante la demora de mis hermanos y la mía en prepararnos, nos llamaba la atención: “¡Vamos, apúrense, que ya sonó el pito de las siete y tienen que ir para la escuela…!”

Atesoro recuerdos acerca de muchos trabajadores de LA GRAVI. Durante mi niñez residimos en la calle José Cadenas, muy cerca del parquecito de igual nombre y del cruce de la misma con Narciso López, a un costado de la Jefatura de la Policía. Uno de nuestros vecinos inmediatos fue Alfredo Arozarena, quien laboró en la Oficina. Lo vi llegar o salir de su pequeña vivienda en incontables ocasiones. Sufrió un accidente automovilístico y fue hospitalizado, después permaneció en su casa varias semanas con la mitad del cuerpo enyesado debido a fracturas que le dejaron con una pierna más corta. En el transcurso de su larga convalecencia le veía a diario y en oportunidades le hice algún mandado para buscarle alimentos o medicinas. Al pasar los años, no pocas veces nos encontramos por el pueblo, me causaba alegría saludarlo y escuchar su afectuosa y campechana manera de hablar.

Por la propia José Cadenas, un poco más allá, casi al frente de la enrejada puerta metálica de la entrada principal del antiguo Acueducto, tenía su domicilio, junto a su familia, el señor José Gabriel Leal, conocido por “Papito”. Recuerdo su delgada estampa, pelado al “cepillo” y sonriente. Pasaba a diario frente a mi casa para ir o regresar de la Jabonería. Su hija fue una de las muchachas más lindas de mi pueblo durante los años de mi más temprana juventud.

Con el tiempo, aun siendo niño, nos mudamos a la calle Emilio Cueto y a una cuadra, por la Alcalá, parte de nuestro apreciado vecindario lo integraron, junto a sus familiares, los señores Raúl Freire, Antonio Manzano, Arístides Brito, Leandro Lima, Orlando Nodarse y Julio Lefont. Unos se ganaban la vida en la fábrica, otros en la Oficina, compañeros y amigos de mí padre, los veía y saludaba con frecuencia. En el 2011, de visita en Jovellanos, pude conversar y dar un abrazo a Freire y a Brito, este último, según Agapo, era para él como un hermano.

En una vivienda situada en la calle Manuel Rubio esquina a Luz Caballero, vivió junto a los suyos Angel “Coco” Blanco, a quien le vi repetidamente por aquel lugar sin conocer de su labor en esta industria. Muchos años  después el mayor de sus hijos me comentó, emocionado, cómo cada día, al regresar su padre del trabajo, percibía la fragancia impregnada en su bata de químico. En mi caso, aun siendo niño y durante mi juventud, al pasar frente a la Iglesia Bautista cuando allí se realizaran actividades religiosas miraba curioso por sus grandes y abiertas ventanas y vi al señor Blanco ejercer como pastor. Al cabo de los años me lo encontré más de una vez en Miami durante reuniones de originarios de Carlos Rojas y Jovellanos y conversamos; me saludaba afectuoso, me hablaba de LA GRAVI y de su aprecio por Agapo.

Conocí a la señora Esther Quintero en la Oficina y desde aquel tiempo le tomé cariño. Guardo en la memoria la imagen de verla junto a familiares sentados en cómodos sillones ante la casa de sus padres en la ancha acera de la Alcalá, casi llegando a la calle Real. Ella engalanada. Todos tomando el fresco de las primeras horas de la noche en aquellos domingos inolvidables de Jovellanos. Cruzábamos frente a ellos durante el acostumbrado paseo dominical; los mayores intercambiaban saludos sin que mis hermanos y yo detuviéramos el paso…

Esther Quintero. Desde muy joven comenzó a trabajar en la Oficina.

Media centuria después supe de Esther al leer sus interesantes artículos como habitual colaboradora de la notable publicación JOVELLANOS que se editó por años en los Estados Unidos. He tenido la oportunidad de verla, de darle un beso y testimoniarle el afecto de mi padre y el mío, de conversar con ella, de recibir su ayuda para determinar con exactitud los nombres y apellidos de empleados de la empresa que aparecen en una importante fotografía. Y cuando nos encontramos o hablamos por teléfono disfruto de su lúcida inteligencia, de su presencia elegante, de su sencillez, de su admirable personalidad. Me contó que al igual que su hermana Nilda estudió la carrera de Pedagogía aunque no la ejerció, que  fue la cronista social del periódico OPINIONES de Jovellanos cuyo dueño, presidente y director fuera el señor Plácido Valdés, también oficinista de LA GRAVI, para cuyas páginas ella escribiera  acerca de la boda de mis padres.

Con Esther en la casa de su hija Margarita. De izquierda a derecha: Jorge Ramón (el autor), mi esposa Iris Nodarse, Esther Quintero, Margarita Jiménez y mi hermana Ada Ramón.

De Esther siempre recibo la más agradable y cariñosa impresión y su inestimable ayuda para aclarar aspectos significativos relacionados con LA GRAVI o sencillamente para hablar sobre nuestro querido pueblo.

Antonio Génova fue empleado de la Oficina, vivió frente al parque Domingo Mujica, le llamaban “Chichí”. Mostró sus habilidades como tenista en la cancha de la Sociedad Liceo de Jovellanos, de la cual fuera además uno de sus directivos. También le gustaba la caza. En mí recuerdo la imagen de su llegada junto a mi padre tras pasar un sábado o un domingo de cacería por alguna de las fincas en los alrededores del pueblo, los dos bajarse del carro que les trae de regreso, ambos con la escopeta de cartuchos en la mano y en la cintura, colgada del ancho cinturón, la percha colmada de palomas torcazas o codornices, fruto de sus certeros disparos como cazadores aficionados. Fue “Chichí” uno de los muchos que apoyaron a mi familia durante los meses en que Agapo estuvo ausente de su hogar a fines de los años cincuenta por razones políticas. A él le debemos además, las fotografías que tomó a mis hermanos y a mí, a nuestra querida madre y a otros familiares para que papá disfrutara la alegría de vernos de la única manera posible en aquellos días aciagos. “Chichí” continuó mostrándonos en el exilio sus cualidades como destacado jovellanense durante su infatigable labor por más de 20 años como Director del Periódico JOVELLANOS, dejándonos en sus páginas, junto a sus colaboradores, un inestimable tesoro documental sobre la vida de nuestro querido terruño.

A la señora Armanda Curbelo no sólo la conocí de la Oficina. Venía de Carlos Rojas, poblado cercano donde residía. En ocasiones le vi llegar y bajarse en la piquera de autos de alquiler situada en Luz Caballero casi esquina a Real o Martí. Siempre distinguida, a veces seria y en otras sonriente. Con su hermoso cabello plateado en todo momento inspiraba admiración y respeto. Fue además una mujer dedicada a su familia y a los quehaceres del hogar. Supe que durante la década del cincuenta del pasado siglo presidía y realizaba esforzada labor en los Festivales de la Liga contra el Cáncer en Carlos Rojas.

Compartí las simpatías de papá por Manuel Piedra, empleado de la Oficina y uno de sus mejores amigos. Residió junto a sus familiares en la antigua casona situada en la esquina suroeste de Clemente Gómez y Rabí. Padre de una de mis compañeras de la Escuela Secundaria a la que recuerdo con cariño. Hermano de Margarita, mi excelente profesora de la asignatura de Lengua Española. Muchas veces le vi por el pueblo montado en su bicicleta, apacible, con el rostro habitualmente serio tras el cual ocultaba la magnífica persona que siempre fue.

Tomé gran estima al señor Ismael González, trabajador de la Oficina, quien además de colega de labor fue cercano amigo de Agapo. Participaron juntos en varias cacerías. Vivió junto a su familia cerca del extremo sur de la calle Luz Caballero. En mi casa existió una fotografía en la que aparecía un grupo de jóvenes en short, en un punto de la playa de Varadero, todos mostraban posturas atléticas, entre los cuales reconocí a Ismael y a papá. En mi memoria su presencia unido a la cariñosa Casilda, su esposa, mientras pasean al hijo de ambos por una parte del pueblo montado a un caballito poni. O verlos caminar desde el oeste por la calle Clemente Gómez y torcer a la izquierda por la pequeña San José; Ismael, acompañado de Casilda y su hijo, sostiene en sus manos un gran cuadro del “Sagrado Corazón de Jesús”. El reducido grupo se dirige por la acera hasta la entrada lateral de la Iglesia Católica Nuestra Señora de la Asunción y penetra al recinto religioso. Según escuché, realizaban una acción de dar gracias…  

Humberto Díaz, “Vidalito”, fue en aquel tiempo compañero de trabajo y amigo de Agapo, quien le tenía gran aprecio y disfrutaba contándonos algunos de los chistes y dicharachos que “el gran Vidal”, como le llamaba, acostumbrara decir con sano humor criollo.

Por la calle Pi’Margal, entre Narciso López y Pozas, existió una casa con techo de tejas de alto puntal y portal rodeado de barandas con barrotes de hierro incrustados en largueros de madera. Allí habitó con su familia el señor Israel “Tito” Domínguez, quien ocupara un puesto de responsabilidad en la Oficina y presidiera “La Cooperativa”. Fueron muchas las veces que junto a otros muchachos del barrio pasé a toda carrera frente a esa vivienda durante nuestros juegos y travesuras infantiles. Uno de sus hijos perteneció, al igual que yo, al equipo de pelota “Tonito Rin, Rin” de la “Liga de Los Cubanitos” de Jovellanos.

Gastón Martínez, “Chelín”, laboró en la Oficina y después en la Jabonería. Casi al final de la calle Manuel Rubio y cerca de Línea Habana o el sitio que llamaran “La Picadora”, tenía su bonita vivienda. Frente a ella transité frecuentemente con mis progenitores y hermanos camino a casa de mis abuelos. Le veíamos en el portal acompañado de su esposa Raquel. Y tras sus palabras en respuesta a nuestro saludo aparecía en su noble rostro, bajo su espeso bigote, invariablemente, su afable sonrisa. En una conversación con Esther Quintero conocí que “Chelín” fue su primo, hijo de su tía Lucila Plata Roldán, destacada educadora jovellanense, la directora de mi escuela primaria por los días en que me inicié en el Kindergarten.

Amante de su familia y padre ejemplar, el señor Eddy “Nardo” Rodríguez fue apreciado por su responsable conducta como trabajador de La Jabonería durante muchos años y también como destacada personalidad del deporte en nuestro pueblo. Tuve el privilegio de conocerlo cuando mi padre me llevó ante él para ingresar al equipo de pelota infantil “Tonito Rin Rin” de la Liga de “Los Cubanitos” de Jovellanos.

Entrega de trofeos a los líderes individuales del campeonato de “Los Cubanitos” el 15 de Julio de 1959. Entre los adultos presentes; a la izquierda Alberto de Armas y a su lado Eddy “Nardo” Rodríguez; del centro hacia la derecha, el Doctor Calixto Machado y en el extremo derecho, el rostro de José R. Valdés. Foto publicada en el Periódico JOVELLANOS. Nov-Dic 1997.

Lo recuerdo alto, más bien delgado, cabello negro peinado hacia atrás y sin raya, sonriente. Como manager de nuestro team se mostró atento, enérgico, dispuesto a enseñarnos las reglas y jugadas, las cuales conocía profundamente. Todavía me parece escuchar su voz instruyéndonos durante los entrenamientos en el Estadio “Saguita Hernandez” y su estampa “fongueando” hacia los files y las posiciones del cuadro para que sus discípulos practicaran atrapando sus batazos. Apasionado por el Baseball no sólo dominaba sus reglamentos, conocía las estadísticas y los nombres y apellidos de las figuras destacadas en el ámbito local, provincial y nacional. A pesar de las limitaciones surgidas a partir de 1959, seguía los resultados de Las Grandes Ligas y fue sobresaliente fanático de Los Yankis de Nueva York. Años después, no pocas veces me encontré con Nardo por el parque o sus cercanías y me saludaba afectuoso; siempre me llamó por el nombre de mi padre.

Gilberto Gómez, hermano de mi madre, fue durante años trabajador de la Jabonería. Tenía por costumbre pasar a menudo por casa. Al escuchar el peculiar silbido con el cual anunciaba su llegada, mis hermanos y yo exclamábamos alegres: “¡Ahí está tío Vito!”, como le decíamos cariñosamente. Entraba sonriente, le dábamos un beso, bromeaba con nosotros, sus sobrinos, y seguía hasta la cocina a conversar un rato con su hermana, mientras ella, atenta y amorosa le brindaba café y hablaba con él sin abandonar sus quehaceres cotidianos. Junto a su esposa, mi tía Mireya y sus dos hijos, mis primos Mayra y Gilbertico, habitaron una casita de madera con techo de tejas en la misma esquina de Alcalá y Pi’Margal, frente a la peluquería “Lula”,  y a su costado, en la otra orilla de la calle, una bodega, “La Paloma Azul”.  

Diego Ramón, hermano menor de mi padre, vivió toda su vida al pasar la Línea de Colón – desaparecida hace algún tiempo – en su coincidencia con San Fernando; sitio memorable al que acudí durante mi infancia en innumerables oportunidades para visitar a mis abuelos paternos y encontrarme, incluyéndolo a él, a su esposa mi tía Olga y a sus hijos, mis primos Dieguito, Rafael, Fidel y Olguita, con otros familiares y amigos de la niñez. Antes de lograr un empleo fijo en la Jabonería, donde laboró por años, tío Diego fue cobrador de las contribuciones al “Comité Pro-Mejoras de Jovellanos” y del pago de las suscripciones a la clínica Centro Médico de Matanzas.

También conocí a Aracelia, Esther y Roger Bidondo, a Aníbal y Plácido Valdés, a Ramón y Marino Quirantes; a Esther Sánchez y Bienvenido Morales, a Margot Socas, Roberto Asso, Rubén Vicente, José Manuel Molero, José Ramón Vázquez, Casteleiro González, Raúl Calvar, José Manuel “Cuchi” Torres, Ismael Pérez, Raúl “Lulo” Cárdenas, Félix Bernia, Arístides Menéndez y muchos más… ¡A todos los recuerdo…! 

Más de medio siglo después de que LA GRAVI dejara de existir gracias a la “nacionalización” decretada por la mal llamada revolución, lejos de mi tierra, de mi país, no olvido la probada calidad de los variados productos de jabonería y perfumería creados por aquella industria, ni la prosperidad que trajo a mi pueblo, mucho menos el alma generosa de sus trabajadores. Después de tanto tiempo y muchos de ellos que ya no están entre nosotros, me parece tener ante mí a aquellos hombres y mujeres de conducta cívica admirable. Y al transportarme al pasado en alas de estas remembranzas, me acerco a la realidad desaparecida, ¡es como un sueño, como si el tiempo volviera a suceder…! Entonces me imagino estar allá, en mi natal Jovellanos, en aquel tiempo maravilloso y me los encuentro al recorrer las amadas calles Real y Alcalá, o al visitar los salones del Liceo, de la Sociedad Antonio Maceo o del Casino Español, o al pasear por el parque Domingo Mujica y pasar ante el teatro Apolo, o al transitar por los andenes de la Estación del Ferrocarril, o al atravesar los portales del Bar Jovellanos, La Casa Arango, el Baturro, La Taberna y el Hotel Ritz, o al apreciar junto a ellos las mercancías en las vidrieras de La Rosita, Los Precios Fijos, La Casa Grande o Las Novedades, o al verlos ante los mostradores de La Mía, El Gran Palacio, La Victoria o La Aurora… Y al tenerlos ante mí les saludo admirado y ellos me responden amables, solícitos; percibo la cordialidad y la bondad en sus rostros, me regocijo con sus sonrisas. Emocionado estrecho efusivo las manos de unos, me abrazo fuertemente a otros… De manera muy especial, con profundo amor y cariño evoco el recuerdo de mi padre, el de mi querida madre y el de mi hermano, los tres ya fallecidos, a quienes siempre tengo presentes.

LA GRAVI vive en mi memoria por cercana a mi familia y ser parte de la historia de mi pueblo; esa exitosa compañía la recuerdo como preciosa joya de Jovellanos y de Cuba, fruto del talento y la esforzada labor de nuestros amigos y familiares. Los hechos del pasado no se pueden tergiversar o borrar por mucho que algunos se empeñen. ¡LA GRAVI vive en el corazón agradecido de mucha gente, sus éxitos no podrán ser silenciados! Esa industria jovellanense, genuinamente cubana… ¡nunca será olvidada, jamás podrá ser ignorada!

La prensa en Jovellanos

Publicado julio 13, 2020 por Jorge
Categorías: Jovellanos, Uncategorized

                                                  I

El interés humano por conocer y registrar cuanto acontece, intercambiar información y opiniones, trasmitir ideas e inquietudes, fueron decisivos en la aparición de la prensa.

Afirman que sus antecedentes se remontan al Imperio Romano allá por el año 59 antes de Cristo. A partir de tal fecha surgen otras publicaciones en diferentes países. Para tener una idea más precisa: ¡treinta y cinco años antes del llamado descubrimiento del nuevo mundo se publicó en Alemania el primer periódico impreso!

Con el desarrollo de la ciencia y la tecnología y el aumento de las personas capaces de leer, al paso del tiempo se extienden por el mundo numerosas publicaciones que no sólo ofrecen noticias e  informaciones, florece en sus páginas la publicidad comercial, sostén de sus ediciones.

Gaceta de La Habana fue el primer periódico de Cuba en 1764 y le siguieron otros. La fundación de Patria por nuestro José Martí en 1892, fue momento significativo en la historia de la prensa cubana. Asimismo, durante el siglo XIX aparecieron periódicos y revistas en ciudades de provincias. Se destaca Matanzas con El Patriota, Diario de Matanzas, El Paquete, La Tertulia, El Centinela del Orden, El Eco de Matanzas…

Curiosamente, en Jovellanos – pueblo del interior – desde  fechas tempranas se manifestó entre sus moradores la necesidad de la comunicación social al punto de iniciar una prolija prensa local.   

Logotipo de LA IBERIA. Bi-Semanario Democrático. Año III. Jovellanos. Jueves 5 de Abril de1883. Núm. 25

Según algunas fuentes, su primer periódico fue El Chiquitín (1866) cuando aún el poblado se denominara Bemba; le siguen La Algarabía (1880) dirigido por Alberto Parés; La Iberia (circa 1880); El Eco (1882), semanario de ciencias, artes y literatura bajo la dirección de Ramón Codina; El Barberillo (1885) dirigido por Rafael Canales; El Heraldo, en el mismo año, a cargo de Anselmo Font; El Iris (1888) publicación quincenal de índole conservadora encabezada por Adrián Machado; La Linterna (1894) semanario de orientación republicana dirigido consecutivamente por Antonio Díaz y Juan R. Rodríguez; la revista Violetas (circa 1920); La Antorcha Rotaria (1930), revista mensual liderada por el Dr. Ramiro Curbelo; Alma Libre (1931), capitaneado por R. Ruibal; Opiniones (circa        

Logotipo de OPINIONES. Año III. Jovellanos. Jueves 15 de Febrero de 1951. Núm. 6

finales de 1940),  cuyo propietario y director fuera Plácido Valdés; y El Radar (1951-1956) creado y dirigido por Felipe Lamelas.                            

Logotipo de EL RADAR. Año I. Jovellanos. Domingo 25 de Abril de 1953. No. XXI

Existieron otros como Juventud, Brisas Sociales, Isis y El Republicano, este último tranformado después en El Comercio, de los cuales no he podido determinar cuándo  surgieron y quiénes fueron sus directivos.

Nuestras primeras publicaciones aparecen tempranamente: unas siete en tiempos que padecíamos la dominación española y durante el siglo XX, hasta poco antes del llamado triunfo de la revolución, se editaron por lo menos otras cinco. A partir de 1959 se produce una etapa infausta para la prensa en nuestro país al quedar la que subsiste totalmente amordazada, aunque en este caso sólo me voy a referir a la de Jovellanos, la cual… ¡desapareció por completo!

Alguien podría decir: << Ah, eso no importa, hay periódicos y revistas nacionales. Además, a nivel de la provincia está  Girón – órgano oficial del comité provincial del partido comunista en Matanzas -¿Para qué  hace falta un periódico o una revista hecha por la gente del pueblo? ¿Qué van a decir… qué nos van a contar en sus páginas…? >>

En pleno disfrute de la libertad, jovellanenses exiliados en los Estados Unidos de América en 1977 logran dar continuidad a la prensa de nuestra tierra natal con un periódico nombrado JOVELLANOS dirigido exitosamente durante 21 años por Antonio “Chichí” Génova y posteriormente, hasta años recientes, con el JOVELLANOS SOCIAL CLUB a cargo de José “Memem” González.  (Ver en este Blog: El Periódico JOVELLANOS.)

(Continuará…)

Comentario sobre el Organopónico y aquel edificio…

Publicado mayo 7, 2020 por Jorge
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(Este artículo se elaboró en Agosto de 2014 y no se había publicado)

Un familiar que reside en los Estados Unidos realizó una breve visita a Cuba en Julio del 2014 y pasó por Jovellanos. Al regresar nos encontramos y me habló del pueblo. Según su relato y lo que deduje del mismo, les puedo decir lo siguiente:

El Organopónico “Luis Ávila Rosales” creado en la segunda mitad de los años 90 del pasado siglo en el área que ocupara La Jabonería, dejó de existir. La desidia, inseparable cualidad del socialismo, originó la paulatina falta de atención al sembradío, lo que provocó su irremediable  desaparición. En un proceso relativamente rápido el verdor de los canteros comenzó a marchitarse, florecieron las malas hierbas, se acumularon la basura y los desperdicios; tal estado de abandono contribuyó  al progresivo desmantelamiento de la cerca que lo protegía, algunos individuos se fueron apropiando de los bloques que conformaron parte de su estructura con el fin de venderlos y sacarles dinero o utilizarlos en la reparación o construcción de sus propias viviendas.

Desmantelamiento del cercado. Detrás existió la fábrica y después el Organopónico. Foto Julio 2014.

En medio de este “proceso”, diversas personas han ido plantando sus casas en el lugar, las levantan con los recursos que han podido conseguir. A principios del siglo pasado allí existió una fundición y en la década del 30 el terreno que ocupara ésta, junto a su edificación, a la cual realizaron  las adecuaciones pertinentes, dieron lugar al surgimiento de la fábrica de jabón. Esa industria prosperó rápidamente, pero a partir de 1960, tras ser nacionalizada, inició una transformación degenerativa que en corto tiempo la llevó literalmente a su destrucción, es entonces que las autoridades llamadas revolucionarias, convierten el sitio en el referido Organopónico de efímera existencia; sin dudas víctima también de la marcha arrolladora de la revolución.

En fin, continúa cambiando la fisonomía del lugar: donde hubo fábricas y un  organopónico, aparece un punto que va poblándose de viviendas. Y no sólo eso, la antigua calle Carlos Rojas, que nació de su entronque con la Alcalá y se prolongaba hacia el este para terminar en Daniel González impedida de extenderse debido a que la fábrica le cerraba el paso, hecho que persistió con el huerto, ahora se lanza adelante hasta las cercanías del “Callejón de los Perros”, próxima a las vías del ferrocarril que en la actualidad permanecen inactivas casi por completo.

Por otra parte, el edificio antes localizado en Carlos Manuel de Céspedes, entre Enrique Villuendas  y Daniel González, donde habitaran  conocidas familias y por años permaneció abandonado y en ruinas con peligro de derrumbe, cuya imagen semejara el resultado de una exitosa acción terrorista en el corazón de Jovellanos, a finales del 2013 o inicios del 2014 fue demolido.

Vista parcial del edificio demolido a fines del 2013 o inicios 2014. Foto 2009.

Se rumoró que en sustitución del mismo muy pronto se construiría uno nuevo, aunque quizás… ¿ya lo construyeron o lo están construyendo? Recuerdo que en el 2010, de visita en Jovellanos, hablé con algunos amigos acerca de la mala imagen de aquel edificio y el peligro que ofrecía para los transeúntes. En respuesta a mi inquietud, uno de ellos,  optimista por su posición ideológica, con toda naturalidad me dijo sonriente que en breve eso sería resuelto pues ya estaban elaborados los planos para erigir en aquel lugar una nueva edificación destinada a convertirse… ¡¡¡en la sede de la Universidad de Jovellanos!!! Desde que escuché la sorprendente información, lamentablemente, pura fantasía, hasta el momento de publicar este comentario, ha pasado tiempo suficiente para que se produjera en aquel sitio un cambio positivo, lo cual desconozco. Quienes realizaron la demolición causaron daños a una vivienda aledaña. La solución inmediata fue apuntalarla. Y me pregunto: ¿posteriormente hicieron la reparación requerida y la ejecutaron como es debido…?  ¡Ojalá…! También ocasionaron roturas en la calle y crearon baches donde se acumulaba el agua sucia. ¿Ya los repararon…?  ¡Ojalá…!     

Imagen del lugar tras la demolición. La calle y una vivienda vecina sufrieron daños. Foto 2014.
En el lugar de la demolición. Se observa la vivienda apuntalada por los daños ocasionados. También rompieron la calle. Foto Julio 2014.

En el corazón de mi pueblo

Publicado mayo 6, 2020 por Jorge
Categorías: Jovellanos, Uncategorized

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(Artículo reelaborado. Publicación original: Dic 3, 2009 11:54 AM)

En el 2009 realicé una corta visita a Jovellanos para encontrarme con mi padre y otros familiares y quería comprobar qué podía quedar de las instalaciones de LABORATORIOS GRAVI, S.A., renombrada industria cubana surgida en 1925, protagonista de continuos éxitos productivos y comerciales hasta que en 1960, al resultar nacionalizada, iniciara bajo el nuevo nombre  impuesto por sus interventores, Unidad #3 de la Empresa Consolidada de Jabonería y Perfumería “Luis Ávila Rosales”, el rápido proceso de su total destrucción.

                                                        *

Disfrutaba de emotiva conversación con papá, recordábamos los tiempos de La GRAVI, me contaba sobre los muchos años que laboró en su Oficina Central, significativo capítulo de su vida. Tras escucharlo complacido, como su salud le impedía acompañarme, le pedí me permitiera ausentarme para cumplir mi deseo de caminar a <<solas>> por las amadas calles, quería guardar en la memoria todo lo que pudiera ver y escuchar para después, a mi regreso a los Estados Unidos de América, país que me acoge como hijo propio, regocijarme con el recuerdo de mi tierra. Saqué de su estuche mí pequeña cámara fotográfica y la revisé, estaba lista para  dejar constancia de mis andanzas. Le di un beso de despedida y partí. Les cuento lo ocurrido:

Es pasada la mitad de una radiante mañana. Salgo de su pequeño apartamento en los bajos de un edificio a la orilla de la calle Luz Caballero; tomo el largo y angosto pasillo que conduce al exterior y al llegar a la acera me detengo a contemplar, al frente, uno de los rincones más queridos de mi pueblo: el parque que ostenta el nombre de su hijo más insigne, Domingo Mujica y Carratalá, presente en la estatua de mármol blanco que inmortaliza su figura, digno homenaje a EL PRIMERISIMO DE LOS JOVELLANENSES. Veo la glorieta, el puentecito sobre el descuidado y árido estanque que alguna vez embelleció el lugar, los bancos, las palmas reales y otros árboles. Paseo la mirada por las edificaciones y casas  alineadas a la orilla de las calles que cortan sus cuatro costados, examino el vecindario; hay personas asomadas a las puertas o ventanas de sus moradas, otras lo atraviesan en diferentes direcciones. Y al recrearme con el entrañable paisaje, recuerdo vivencias inolvidables. Sin que pueda evitarlo mis ojos se detienen en una casa cercana, habitada en el pasado por mis padres y mi hermano; la visité a menudo cuando residía junto a mi esposa y mi hijo en la ciudad de La Habana, también fue mi casa, nuestra casa. Allí, un día muy triste de 1985, aun joven, con sólo 59 años de edad, murió mi adorada madre.  

Echo a andar, voy hacia la calle Real, la alcanzo y la veo concurrida. Observo por unos instantes esa parte esencial de mi pueblo. Numerosas personas circulan por las aceras, cruzan o caminan despreocupadas por la propia vía, no pocas sostienen animadas conversaciones en pequeños corrillos sentadas o de pie en el llamado Parque de los Viejos o en las mismas aceras y portales, algunas se trasladan en bicicletas y bicitaxis. Es un masivo movimiento de gente junto al transitar de algún que otro auto o camión norteamericano de mitad del siglo pasado o de la era soviética que subsisten gracias a la creadora inventiva del cubano. Es un día laboral, presumo  que gran parte de los presentes faltan a sus trabajos o no trabajan, uno de los males que asolan a mi país: el poco o ningún interés por la producción de los bienes necesarios para la vida, enfermedad congénita del régimen social que allí impera por tantos años. No pocos reflejan preocupación en sus rostros y al encontrarse con quienes al parecer son familiares o amigos apenas comparten una sonrisa de afecto y les escucho intercambiar frases de saludo cuyo significado ignoro, como si hablaran un dialecto desconocido. Los de mayor edad, casi sin excepción, visten ropa carente de limpieza y desgastada por el continuo uso cotidiano, con el calzado en mal estado, sin adecuado corte del cabello ni rasurar como es debido. Los jóvenes ofrecen mejor apariencia ataviados de camisetas o pulóveres, shorts y zapatillas de procedencia extranjera, aunque no todos tienen tal suerte. Abundan quienes conversan a través de celulares; estoy seguro que muchos deben esa posibilidad a la generosa ayuda de familiares en el extranjero que les compraron el equipo y sufragan el gasto que originan al usarlo; algunos adoptan poses, ostentan del moderno medio de comunicación que poseen… Continuo. Atravieso el portal de la antaño ferretería La Casa Arango trocada en tienda <<shopping>>; seguidamente el del Bar Jovellanos transformado en pizzería con diferente nombre. En esa esquina tuerzo hacia el norte y enfilo por la antigua calle Alcalá. Sin detenerme miro a todos lados, busco en cada rincón los vestigios del  memorable acontecer de mi pueblo, de su vida sencilla y apacible, deseoso de ver y saludar a conocidos.

Paso ante viviendas e inmuebles envejecidos, maltratados  no sólo por el tiempo sino a simple vista necesitados de reparaciones en puertas, ventanas y fachadas, carentes de pintura, de elemental mantenimiento. Al acercarme a la antigua escuela donde cursé estudios primarios crece mi emoción. Cruzo ante ella por la acera opuesta embriagado de nostalgia; la magia de la imaginación me permite retroceder en el tiempo y peregrinar por sus aulas, encontrarme con mis excelentes maestras, con alumnos que fueron mis amigos de aquellos años, con las conserjes, laboriosas, nobles y cariñosas; vienen a mi memoria las travesuras durante el recreo, la patriótica emotividad de los actos cívicos de cada viernes. Allí, además de alcanzar sólidos conocimientos, en coincidencia con las convicciones que me inculcaron mis padres aprendí a querer a mi Patria, a mantener una digna conducta ciudadana, a respetar a los mayores. Esa escuela se llamó José Martí en honor a nuestro Apóstol de la Independencia. Sin embargo, por lo que dice una pequeña tarja situada a un lado del portón de entrada, le han cambiado su original y legítimo nombre por el de un mártir de la llamada revolución…

Sigo a buen paso. Dejo atrás la Iglesia Bautista, antes domicilio del facultativo Raúl Gumá, su esposa Herminia López y sus vástagos. Me desplazo y en rápida sucesión: a mi izquierda, en la acera de enfrente, la casa donde viviera mi tío Gilberto Gómez con su esposa Mireya Santana y mis primos Mayra y Gilbertico, parte de mi querida familia; a mi derecha el local de la peluquería Lula desaparecida hace años, hogar de sus propietarios, el señor José Miguel Rodríguez y su cónyuge Edelmira Pérez – principal estilista del prestigioso negocio – y sus descendientes; a continuación, la conocida Farmacia de López que atendieran Idelfonso <<Gallego>> Alcebo y su señora Florinda Figueroa, quienes habitaran con su hijo una parte del recinto; poco después la residencia del brillante galeno Calixto Machado y su esposa Julia Curbelo, mi querida maestra de quinto grado, acompañados por Calixtico (Kaqui) y Adita, consecuentes sucesores de sus padres; le sigue la morada del matrimonio de Rogelio Vilabrille y Juana Herminia Valdés, mí estimada profesora de Matemáticas en la Secundaria, quienes la compartían con su hija y otros familiares, y a continuación, en un rincón del próximo portal, el recuerdo de la desaparecida figura de Máximo el zapatero en su ardua labor para ganar honradamente el sustento de su familia.

Y así, llego al sitio en que la Alcalá se encuentra con las calles Enrique Junco y José Cadenas. A mí izquierda el parquecito nombrado igual a esta última, ambas designaciones en homenaje al patriota jovellanense caído en combate durante la Guerra de Independencia en los alrededores del pueblo que le vio nacer. Uno de sus laterales  sirve de estacionamiento a bicitaxis que llevan y traen a quienes acuden al cercano Hospital. Y frente al punto en que me encuentro, hacia el norte, distorsionada por el implacable quehacer del tiempo y la desatención, permanece  la antigua  sede de la Sociedad Liceo convertida en El Pollito, sombrío centro gastronómico. Doblo a la derecha y más adelante paso ante el lugar donde existiera el Dispensario de Salud que estuviera a cargo del ilustre Doctor Antonio Boada, una cuadra después arribo a la intercepción de las calles José Cadenas y Daniel González.

Es la coincidencia de las calles José Cadenas y Daniel González: la Fábrica de Jabón. En el momento que se toma esta foto ya había dejado de funcionar y para finales de los 80 o primeros de los 90 del pasado siglo, desapareció para siempre. Foto de Internet.

Allí, en esa esquina, me detengo animado de quimérica esperanza y al mirar, mi fantasía se esfuma: ¡no están las altas y alargadas paredes, ni la enorme techumbre, ni la gran chimenea…! ¡No está la Jabonería! En honor a la verdad, hacía años que no estaba. El potente silbido con el cual llamaba a sus trabajadores a comenzar, recesar, reanudar y finalizar la jornada laboral, peculiar sonido que marcó toda una época, fue silenciado para siempre, difícil aceptar esa triste realidad. En aquel sitio ahora se levanta un cercado.

Por Daniel González, entre José Cadenas y Carlos Rojas. Una vista del cercado donde estuviera la Jabonería. Foto 2009.

Adelanto unos pasos. Ya en la propia Daniel González voy a la cerca y la puedo evaluar mejor. Edificada con piedras de canto unidas por cemento y su parte superior rematada por hileras de bloques de estructura simétrica ahuecada, no logra abarcar por completo el sector que ocupara la exterminada fábrica, está falta de pintura y muestra a sus pies, sobre la acera, notorios fragmentos desprendidos por defectos en su construcción.

Una aproximación al cercado. Indudablemente se le caen  pedazos. Foto 2009.

Unos pasos más y me arrimo al vallado. Al mirar por una de las aberturas veo que tras el mismo crearon un huerto donde cultivan hortalizas y vegetales que venden a un costado de aquel paraje denominado Organopónico “Luis Ávila Rosales”, nombre heredado del que asignaran a la extinta industria cuando la nacionalizaron.

El huerto visto a través de un espacio de la cerca. Detrás los grandes y viejos tanques  metálicos que pertenecieran a la Jabonería. Foto 2009.

Antes la Fábrica de Jabón, después el Oganopónico Luis Ávila Rosales. Foto 2009.

Y mientras observo el fecundo sembradío logro ver al fondo, majestuosos, dos viejos y grandes tanques metálicos que pertenecieron a la planta de jabón. Los contemplo admirado. No consigo saber si los utilizan, pero sus siluetas impactan, me recuerdan los tiempos en que mi pueblo disfrutara las bonanzas de La GRAVI.

Prosigo por Daniel González hacia el sur, en ruta hacia la corta y estrecha calle Enrique Villuendas. Me reencuentro con el Parque Domingo Mujica y antes de atravesarlo por completo me detengo a mirar en detalle un edificio.

Edificio en ruinas en calle Céspedes, entre Daniel González y Enrique Villuendas: semeja el resultado de una exitosa acción terrorista en el corazón de Jovellanos. Foto 2009.

Este inmueble fue habitado por conocidas familias, como las de Ada Quintero y sus hijos, la de Eña Castro y su primogénito Carlos, la de Reina Marrero y su esposo Reynaldo Marcos junto a sus retoños; hace años semeja un punto devastado por exitosa acción terrorista. Con igual pena, dada su cercanía, doy una ojeada a lo que en otros tiempos fuera el distinguido teatro Apolo, el cual nacionalizaron, es decir, se lo quitaron a sus dueños y lo nombraron Cine Primero de Mayo.

Fue el Teatro Apolo, después Cine Primero de Mayo. Está totalmente destruido, sólo queda la fachada y las paredes laterales. Foto 2009.

La espaciosa sala, en sus tiempos de esplendor en manos de sus legítimos propietarios, contó con más de seiscientas elegantes y cómodas lunetas, cortinajes, juego de luces y modernos equipos de exhibición cinematográfica para pantalla grande. Allí mostraban a diario las mejores películas y en su escenario ofrecían frecuentes eventos artísticos y culturales. Pero hace mucho ha estado sin funcionar y desatendido hasta quedar destruido, con sus entradas y ventanas tapiadas. Estas imágenes se mezclan con mis recuerdos. El área, en décadas pasadas hermosa y animada por quienes fuimos estudiantes de la contigua Escuela Secundaria, o por los numerosos niños que acuden a este mismo centro transformado después en Escuela Primaria, junto a los centenares de personas que a diario transitaran y aun transitan por la zona, en especial quienes visitábamos nuestro parque durante los paseos dominicales de antaño, tradición sepultada en el pasado, han de sentirse o se sentirán algún día, decepcionados de lo que en gran medida es resultado palpable, ante todo, de la obra revolucionaria.

Me adentro por Villuendas. Advierto las ruinas de los recintos que albergaran los equipos para fabricar desodorantes, polvos faciales y otra mercadería. Con el cese de los procesos productivos que allí realizaran se disipó para siempre la suave fragancia que inundara esta calle; más allá se conserva un edificio de dos pisos.

Segunda planta del inmueble donde estuviera la Oficina Central de Laboratorios Gravi, S. A. Oculto bajo la pintura, uno de los dos tubos agigantados de la afamada Pasta Dental Gravi. Allí radica ahora el Tribunal Popular de Jovellanos. Foto 2009.

En la parte superior del mismo se estableció la Oficina Central de LABORATORIOS GRAVI, S.A. y debajo la planta donde fabricaran la acreditada pasta dental. Al parecer en buen estado, este sitio lo designaron hace años sede del Tribunal Popular de Jovellanos. Pese a ello, en la fachada del segundo piso, cubierto por gruesa capa de pintura que lo pretende ocultar, se destaca, como parte de su construcción original, el prominente relieve de uno de los grandes tubos de pasta que allí existieran, réplicas agigantadas de los que se elaboraban en los bajos de la edificación; erguidos en el emblemático lugar representaron el símbolo orgulloso de la Reina de las Cremas Dentales.

Por la calle Luz Caballero. Vista de la parte trasera del sitio donde fabricaran el desodorante y otros productos. Foto 2009.

Prosigo y desemboco de nuevo en la calle Real, marcho una cuadra hacia el oeste, giro a la derecha y enrumbo por Luz Caballero; tras corto trecho distingo la parte posterior del sitio donde fabricaran desodorantes y otros artículos, confirmo su grave deterioro. Retrocedo y retomo la Real, esta vez hacia el este. Armado de mi cámara fotográfica y mis recuerdos, atento a lo que ocurre, avanzo por los portales de los que en el pasado fueran prósperos negocios, entre ellos la tienda de víveres La Mía convertida, con otro nombre, en <<shopping>> que oferta alguna ropa, adornos y souvenirs, mercancía que venden en CUC[1]; el espacio donde floreció el extinto comercio El Baturro conocido por sus finos productos y la amable atención dispensada a sus clientes por el señor Don Pedro, su dueño, y sus hijas, dedicado ahora la venta de libros; la fuerte edificación que desde hace tiempo se mantiene destinada a la actividad bancaria convertida en sucursal del Banco Nacional de Cuba; el emplazamiento que ocupara la antigua Compañía Telefónica asignado actualmente a la Dirección Municipal de Comunicaciones; el local de la desaparecida farmacia La Central, en el presente tienda con alguna oferta de productos industriales. Desde el amplio portal de esta última doy unos pasos, bajo a la acera y atravieso diagonalmente la calle sobre la línea férrea que divide al pueblo en dos, pretérito límite entre los barrios Asunción y San José, de lo cual hoy pocos se acuerdan. Esa línea se dirige al norte hacia la antigua Estación del Ferrocarril fundada en 1914 y en la actualidad destruida, como si hubiera sido uno de los blancos alcanzados durante el Golpe Aéreo Masivo de la aviación enemiga que tanto anunciara la propaganda gubernamental, parte de las acciones precedentes a la invasión yanqui que nunca se realizó. En sentido inverso el <<camino de hierro>> conduce al Circuito Sur. Y al efectuar el cruce, arribo al extenso portal que se inicia a las puertas de lo que una vez se llamó La Taberna, tiempo atrás una especie de complejo gastronómico que brindara alojamiento, alimentos y otros servicios. En su planta baja funciona una panadería y en uno de sus espacios o al lado de los mismos cobró vida una  manufactura para torcer tabacos que dio empleo a numerosos trabajadores, la cual dejó de existir.  El piso superior lo asignaron a la Dirección Municipal de Educación. A continuación hay una estancia utilizada como galería de arte; por allí estuvo La Rosita, en la que ofertaban artículos escolares y muy cerca, en sitio despejado del extendido portal, se ubicaba el lucido kiosco Balalaika caracterizado por su variada mercadería de quincalla, confituras, periódicos, revistas y muñequitos. De inmediato paso ante lugares donde se asentaron la tienda de artículos de vestir de Julio el Polaco, El Bar Ideal, los Almacenes La Reina, la zapatería de Llillo y Los Precios Fijos, negocios exterminados o sustituidos por otros que sufren los duros avatares de la gestión socialista. Rebaso el local que ocupara La Casa Grande convertida ulteriormente en el Palacio de los Novios, el que de acuerdo a reducida cuota fijada por los órganos de racionamiento del gobierno llamado revolucionario se vendían ciertos productos a las parejas que contraían nupcias; dicha tienda también pasó a mejor vida.  

Sigo frente a lo que fuera el Hotel Ritz remozado para nombrarlo Hotel Moderno; pese a tales esfuerzos, entendidos en este tipo de negocio aseguran que el servicio que presta no cumple elementales exigencias hoteleras y su actual estado constructivo es deprimente. Avanzo ante la desaparecida Clínica, cuyo espacioso inmueble fue modificado para acoger oficinas de una empresa estatal. Menciono el expirado centro de salud especialmente agradecido, pues cuando tenía diez años de edad sufrí la doble fractura en cada hueso de mi pierna izquierda y a pesar de la compleja lesión, allí me atendieron con elevada profesionalidad y los mejores resultados.

Seguidamente me desplazo frente a otros puntos donde se ubicaban establecimientos que también dejaron de existir, entre ellos el Estudio Fotográfico Muñoz y Las Novedades; más adelante el cine REX, que al resultar nacionalizado le cambian el nombre por el de JOVELLANOS para iniciar una etapa de decadencia en la que apenas funciona.

Durante mi recorrido me doy cuenta que unas pocas edificaciones, a diferencia de la mayoría, muestran mejor apariencia mediante arreglos y pintura a sus fachadas. El curioso contraste se debe, según alguien  me explica después, al propósito de las autoridades de reanimar la apariencia exterior, es decir, <<dar un poco de maquillaje>> a ciertas construcciones ubicadas en la parte céntrica del pueblo…

Los establecimientos comerciales de la zona apenas tienen mercancías a la venta, excepto los que ofertan en <<chavitos>>. Sin embargo, abundan en aceras, portales, ventanas y puertas de no pocas viviendas, puestecitos donde venden: una mano de plátano burro y un par de naranjas; en otro tres o cuatro coquitos prietos y diferentes dulces caseros; en varios exhiben trozos de carne de cerdo cruda, un boniato, dos tomates… Y en todos los casos tales productos están  bajo el asedio de moscas y guasasas. Otras vendutas más sofisticadas expenden piedras y gas para fosforeras, juntas para tapas de ollas y de cafeteras, baratijas diversas, piezas de ropa y algún calzado de baja calidad y procedencia extranjera. En fin, pululan pequeños comercios, es indudable la creciente presencia de mercaderes en las calles de mi pueblo, es como una afiebrada epidemia sin contar las personas que en bicicletas y carretones pregonan sus mercancías y otras que apenas se ocultan para cambiar moneda nacional o chavitos por dólares, acción supuestamente perseguida por las autoridades

Hasta que por fin  arribo a la esquina en que la calle Real o Martí, la principal de la localidad, se cruza con la Esperón, allí me detengo embargado de emoción. Estoy ante la casa natal de Domingo Mujica y Carratalá, patriota nacido y criado en Jovellanos que tras ser apresado en combate en zona rural cercana al propio poblado, en Agosto de 1895, durante la Guerra de Independencia, las autoridades coloniales españolas le someten  a rápido e implacable juicio sumarísimo para condenarlo y fusilarlo de inmediato, criminal manera de actuar de los que pretenden mantener esclavizado a un pueblo para conservar a toda costa los privilegios de su poder. La historia más reciente de mi país está plagada de semejantes juicios sumarísimos seguidos de apresurados y <<aleccionadores>> fusilamientos. ¿Propósito similar o infeliz  coincidencia…?

La casa donde habitara el sobresaliente patriota ha sido convertida en Museo Municipal y le han puesto su nombre. Pido permiso a la amable señorita que me recibe en la entrada y me invita a pasar, le pregunto si puedo tomar fotos y responde sonriente: <<¡Todas las que quiera!>>. La antigua casona fue restaurada y habilitada con la finalidad de aprovechar su arquitectura interna, de tal manera dispone de varias secciones con estampas de la historia de Jovellanos, pero… ¡bajo un prisma totalmente parcializado!

Dentro del Museo Domingo Mujica y Carratalá. Foto 2009.

Se exhiben objetos y piezas de indudable valor, al parecer auténticas, aunque en el mejor de los casos muchas enseñan parte de la verdad, la que interesa a las autoridades que inspiran y dirigen una institución de tan elevado significado ideológico, quienes además, pasan por alto aspectos fundamentales…

Comienzo instructivo andar por el Museo. Una joven no se separa de mí, me indica y explica el contenido de las vitrinas y otras muestras. Observo y escucho atento y utilizo la cámara fotográfica… Nos vamos desplazando hasta alcanzar una pequeña urna de cristal con ciertos elementos en su interior. Al leer el diminuto letrero que la identifica, quedo sorprendido: OBJETOS PERTENECIENTES A LA FABRICA GRAVI. FUNDADA EN 1925.

Imagen del contenido de la urna de cristal dedicada a La Gravi en el Museo Municipal de Jovellanos, Matanzas, Cuba. Foto tomada el 17 de Febrero de 2009, a las 10.11 AM.

En verdad no esperaba que allí  ofrecieran algún reconocimiento a una compañía capitalista. Sin embargo, en sólo instantes, comprendo que no le rinden honores, en realidad se le ofrece un velado y malévolo repudio. La joven a cargo de esta área, supuestamente preparada para estas funciones, ante mi evidente interés, gentil me <<explica>> el contenido de la urna… Pero lo que me dice no añade nada nuevo a lo que veo con mis propios ojos. Bajo el cristal del recipiente, exponen:

– Dos frascos de la Crema Desodorante GRAVI con sus tapas metálicas lamentablemente manchadas de óxido.

– Dos carnés con los nombres, apellidos y fotos de personas acreditadas como miembros del Sindicato de Obreros y Empleados de los LABORATORIOS GRAVI adherido a la Federación Química Industrial. De una de ellas exponen, además, la credencial como invitada a la Caravana Ejemplar de la Juventud, algo que nada tiene que ver con la desaparecida empresa, pero con ese <<detalle>> avalan uno de los méritos revolucionarios del compañero en cuestión.

– Una proclama editada en la imprenta La Concha de Venus de la ciudad de Cárdenas en la cual se  informa al pueblo, en nombre de los trabajadores de La GRAVI, acerca de una gran injusticia a punto de cometerse por la patronal de la compañía, instando al propio pueblo y a las autoridades del gobierno a impedir ese atropello.

– Un ejemplar en forma de pequeño folleto que en su portada dice textual: Asociación Cooperativa de Empleados y Obreros de los LABORATORIOS GRAVI. Jovellanos. Reglamento. 1945. Impresos Carreño. Matanzas. Por nuestra independencia económica.

– Y por último, un sobre con el membrete de la compañía, de los que se utilizaban para la correspondencia oficial de la misma.

Es todo lo que muestran acerca de La GRAVI. Insatisfecho, hago preguntas y sin proponérmelo pongo en aprietos a la muchacha, quien apenas conoce acerca de la afamada industria surgida y asentada en Jovellanos hace más de ochenta años. Me intereso por los hechos que expone la proclama que llama a enfrentar una supuesta injusticia, pero ella sólo sabe del asunto a través de lo que dice el papel que allí exhiben. Entonces le solicito me hable sobre el Reglamento… y el significado de la Asociación Cooperativa de empleados y obreros… Si el título del folleto se refiere al sindicato u otra organización. Me dice, afligida, que no puede darme respuesta porque no conoce el contenido del documento. Le propongo sacarlo de la urna para ver lo que dice y al instante comprendo mi exceso y me disculpo. No hago más preguntas y continúo el <<aleccionador>> recorrido por el Museo. Tras mirar otros aspectos, hacer nuevas fotos y recibir las  <<explicaciones>> correspondientes, me despido sinceramente agradecido  de las cordiales y simpáticas empleadas del lugar.

En la calle, durante el regreso, rememoro lo que acabo de ver y escuchar. Valoro especialmente el contenido  de la urna; concluyo que es una muestra minúscula y tendenciosa, y por otro parte siento la satisfacción de que en aquel sitio no puedan pasar por alto la huella indeleble que dejara La GRAVI, pujante industria de futuro promisorio interrumpido en Julio de 1960 por la nacionalización, cuya medida le tenía reservada de manera progresiva e irreversible su total destrucción. De esto último y de muchas otras cosas, ni muestran objetos ni dicen nada en aquel Museo. Por supuesto, las muchachas que allí laboran no tienen que ver directamente con tan graves defectos.

La proclama que exigía enfrentar la presunta injusticia de la patronal de La GRAVI no iba acompañada de una nota o evidencias que explicaran lo ocurrido.

La foto es defectuosa, refleja la luz de un tubo fluorescente en el cristal que cierra la urna dedicada a La Gravi,  sin embargo, se aprecia el contenido fundamental de la proclama: <<AL PUEBLO>>, la cual dice: << (…) industria (…) en el día de ayer desmanteló su Oficina Central de Jovellanos, para trasladarla a la Habana, provocando grave conflicto obrero y justificada protesta por parte de las masas obreras y pueblo en general. Gracias a la justa actuación de las autoridades, las maquinarias y equipos se encuentran detenidos sobre una Rastra, en el Cuartel de Jovellanos en espera de resolución del Ministro del Trabajo. La patronal agota todas sus influencias y su dinero para cometer este atropello a Jovellanos y a la Provincia Matancera, a la que privará de una importante fuente de trabajo, que es lo que se propone la Empresa. Confiamos en la justa resolución del Ministro del Trabajo y en la cooperación del pueblo y los trabajadores. Trabajadores GRAVI>>. 

Mi curiosidad queda satisfecha tiempo después, al consultar con antiguos trabajadores de la compañía que vivieron los hechos, quienes me hicieron saber lo siguiente: La dirección de la empresa tenía en La Habana una oficina de reducidos recursos desde la cual manejaban algunas operaciones mercantiles en el país y el extranjero; además, en ella se llevaba la contabilidad de una exitosa filial dedicada a la propaganda comercial creada a fines de la década del cuarenta: Publicitaria Siboney. Al crecer las actividades comerciales deciden trasladar las máquinas IBM del Departamento de Crédito de la Oficina Central localizada en Jovellanos, para la capital de la nación, llevándose consigo al jefe del mismo, el señor Federico Sotolongo. El resto de los empleados se reubicaron en diferentes puestos de la propia Oficina Central y en otras dependencias, como por ejemplo: la señora Esther Quintero fue trasladada al Departamento de Contabilidad y Auditoría a cumplir funciones similares a las que antes realizara; al señor Gastón Martínez, <<Chelín>>, le dan un puesto en la Jabonería equivalente a las funciones y el salario que percibía; la señora Juana Rodrigo pasó a ser la secretaria del Doctor José H. Pérez, abogado de la compañía. Hasta hubo el caso, como el del señor Humberto Díaz, <<Vidalito>>, que salió de la empresa por su voluntad para dedicarse a su propio negocio: una tienda de mercancías diversas. En fin, ningún empleado quedó en la calle. En la urna presentan la proclama pero no exponen los acontecimientos y su desenlace. ¿En realidad se produjo un grave conflicto obrero? ¿Se originó justificada protesta por las masas obreras y pueblo en general? En esa urna nada se dice en concreto sobre el aludido conflicto y la solución o no del mismo. Es natural deducir que los empresarios de La GRAVI querían lograr mayor eficiencia y ganancias. Al final se llevan para La Habana las IBM, pero lo hacen sin dejar ningún trabajador en la calle. ¿Actuaron así porque hubo presión popular? ¿El gobierno les obligó con una resolución legal? Es posible que una, ninguna o las dos situaciones se produjeran; no poseo la debida información para negarlo o afirmarlo, sin embargo están los hechos, los trabajadores no quedaron en la calle.

Por otro lado… el pretender alcanzar eficiencia económica y la obtención de ganancias… ¿no han sido y siguen siendo los objetivos primordiales de los empresarios socialistas cubanos, sobre todo en tiempos actuales? La diferencia en ambos casos consiste en que estos empresarios de hoy, cumpliendo los dictados de las altas instancias del gobierno que en Cuba se prolonga en el poder por más de medio siglo reducen plantillas, eliminan puestos de trabajo y a los miles que dejan en la calle les indican incorporarse a la <<gran empresa>>, ampliada a proporciones inusitadas, de los trabajadores por cuenta propia. Es decir, estos miles que antes fueran empleados del llamado Estado Socialista se quedan en muchos casos, ni más ni menos, <<como el pintor que se cae de la escalera y queda colgado de la brocha>>. No obstante, temerosos de las consecuencias políticas que estos despidos masivos podrían provocar, los gobernantes cubanos atenuaron o aplazaron la aplicación total de la impopular medida y no sólo eso, también la emprenden contra los propios trabajadores por cuenta propia, como lo han hecho en ocasiones anteriores, para evitar que continúen reafirmando con los resultados de su labor que la propiedad privada es eficiente, origina ganancias y en el terreno práctico <<desinfla el globo>> de la utópica y al final falsa idea de que la propiedad socialista es superior, ilusión que tanto se han esforzado en hacer creer. Además, no pueden permitir a los <<cuentapropistas>> alcanzar poder económico porque significaría facilitarles vivir al mismo nivel de la clase privilegiada que encabezan los que dirigen el país y sus allegados, y de tal manera además, darles la oportunidad de que en algún momento logren poder político y eso, sencillamente, ¡les aterra…!

Entonces, vale la pena preguntar: ¿las medidas aplicadas en tiempos recientes por la patronal socialista, corroída desde siempre por la corrupción y la ineficiencia, son actos de justicia? ¿Se pueden comparar con las medidas de los directivos de La GRAVI que paradójicamente se denuncia en aquella proclama? ¿Hoy podrían los trabajadores que en mi país van a la calle denunciar estos hechos, o los propios cuentapropistas exponer mediante una proclama las arbitrariedades que contra ellos se cometen…? Bueno, la verdad todos la saben o la deben saber, en Cuba no es posible lanzar una proclama que no venga de los organismos u organizaciones oficiales o con la expresa autorización de los gobernantes. Hace muchos años desapareció, entre otros, el derecho de los cubanos a lanzar una proclama sin que se les acuse de realizar <<propaganda enemiga>> y por tal razón se les lleve ante sus serviles tribunales y les condenen a largos años de prisión, como tampoco es posible que alguien se atreva a expresar ideas que resulten de un pensamiento libre que no concuerde con las que preconiza el régimen sin que se le descalifique bajo el gastado título de <<mercenario al servicio del imperio>> o el de <<asalariado pagado por las organizaciones contrarrevolucionarias  o la mafia de Miami>>. Y no sólo que los condenen y descalifiquen, sino que por añadidura, invariablemente y sin contemplaciones, los sometan a las vejaciones y atropellos de los llamados <<actos de repudio>> compuestos de ofensas acompañados en la mayoría de los casos de brutales palizas a ellos y sus familiares, o que les registren sus domicilios, les golpeen, les roben propiedades personales o se las destruyan sin importar a quienes afecten y que los arresten arbitrariamente. Todo ello y mucho más como parte de la despiadada represión socialista ordenada por la más alta instancia del Partido Comunista de Cuba con la activa participación de no pocos de sus miembros y colaboradores agrupados en las llamadas Brigadas de Respuesta Rápida[2], método con el que tratan de enmascarar las actividades de la Seguridad del Estado y la Policía Nacional Revolucionaria, expertos órganos represivos de la dictadura cubana especializados en estas y otras astutas acciones criminales asentadas en una maldad ilimitada que les inspira perfeccionarlas con nuevos métodos de castigo y represalia.

Acerca del folleto sobre la reglamentación de la Asociación Cooperativa de Empleados y Obreros… expuesto en aquel Museo sin siquiera mostrar una breve reseña de su contenido, no lo conozco y hasta el presente no he logrado conseguir un ejemplar del mismo.

Folleto expuesto en la urna de cristal dedicada a la Fábrica Gravi en el Museo de Jovellanos. Foto 2009.

No obstante, puedo decir lo siguiente: Antiguos trabajadores de La GRAVI aseguran que este fue el documento que regulaba el funcionamiento de La Cooperativa, organización interna conocida entre ellos con ese nombre patrocinada por los propios ejecutivos de la compañía con la participación de la organización sindical a fin de facilitar préstamos a cualquier trabajador que lo solicitara. Esta ayuda financiera se otorgaba tanto en pesos, la moneda nacional, como en dólares – ambas monedas circularon en Cuba hasta pocos meses después del año 1959 con la misma equivalencia y jerarquía – sin intereses ni cargos de ningún tipo, generalmente a pagar a largo plazo considerando las posibilidades del solicitante con el cual se determinaban de manera razonable y de mutuo acuerdo la cuantía y la periodicidad de los pagos para saldar la deuda. Hubo quienes por razón justificada no cumplieron lo pactado y se les reajustaron los plazos y las sumas a pagar sin tampoco imponer desembolso de intereses ni otros cargos. La Cooperativa contó con una reducida directiva presidida por el señor Israel Domínguez, empleado que ocupaba un puesto de responsabilidad en la Oficina Central, integrada además por la señora Aida González Llera, quien también laboraba en la referida Oficina y un representante del Sindicato designado por esa organización. La Cooperativa también cumplió la función de facilitar a los trabajadores la adquisición de los productos de La GRAVI a precio de costo y en ocasiones gratis, entregándoles ciertas cantidades de las muestras fabricadas.

En la Oficina Central de La GRAVI. De pie, de izquierda a derecha: Juana Rodrigo, Agapito Ramón (detrás), Israel Domínguez (Responsable de La Cooperativa), Aida González Lleras (Secretaria de La Cooperativa) y Esther Quintero. Debajo, en el mismo orden: José Manuel Molero y Reynold González. Foto 1956.

Alguien podría preguntarse: ¿La Cooperativa surgió por las acciones del sindicato en defensa de los intereses de los trabajadores? No lo puedo afirmar o desmentir, pero ahí están los hechos, la patronal apoyó y participó muy activa, suministró el dinero para los préstamos y los productos con los que se favorecía a los trabajadores. Entonces, ¿qué tratan de mostrar realmente en aquel Museo con la exhibición del  mencionado Reglamento  sin exponer o explicar su contenido? Todo esto me hace pensar que los directivos de La GRAVI, en contraste con lo que enseña aquella urna de cristal, manifestaron cordialidad y ayuda hacia sus trabajadores. ¿Será que esa urna no deja ver el fondo real de las cosas…? ¿Será que esa urna se utiliza para falsear y en el mejor de los casos decir una parte de la verdad, tergiversar la realidad o sencillamente mentir…?

Pude confirmar que en Jovellanos son muchas las personas que recuerdan a La GRAVI, varias afirman que las instalaciones construidas hace algún tiempo en las afueras del pueblo, las cuales forman parte o estuvieron durante mucho tiempo en función de firmas o capitales extranjeros, aunque en la terminología oficial les llaman <<de capital mixto>>, se construyeron para sustituirla porque estaba muy vieja. Simplista manera de pensar alejada de la realidad. Asentada y reconocida legalmente como propiedad privada, La GRAVI fue una industria cubana en la que jamás pusieron sus manos los capitales extranjeros, y si la misma hubiera continuado el curso normal de su pujante desarrollo, la historia sería diferente, lo más probable es que el silbato, o mejor, el pito de la Jabonería, como le decíamos, se escucharía hoy con mucha más potencia en toda la localidad.

Concluyo mi recorrido satisfecho y corroboro lo más importante: esta empresa permanece enraizada en el recuerdo y el corazón agradecido de mucha gente. Y ese Museo, si pretende ser leal a la historia, está obligado a solucionar, entre otros aspectos, el rendir honor a la memoria de Ignacio López Trelles y sus asistentes, creadores de la famosa pasta dental, quienes echaron los sólidos cimientos de LABORATORIOS GRAVI, S. A. y exponer la generosa obra de amor y prosperidad de sus trabajadores para Jovellanos.

Notas:

[1] CUC: Una de las dos monedas que circulan en Cuba; <<equivale>> al Dólar de los Estados Unidos de América, pero carece de valor en cualquier otra nación y no es reconocida en entidades financieras internacionales. Y lo más importante, tal equivalencia no es pareja, el Dólar USA es gravado al cambio oficial, lo rebajan de su valor real aproximadamente un 10% respecto al CUC para beneficio económico del llamado gobierno revolucionario; de tal manera despojan, entre otros,  a los cubanos que desde el exterior visitan a Cuba para encontrarse con sus familiares y están obligados a sufragar los múltiples y abusivos gastos que de ello se deriva (pasaportes y sus prórrogas, pasajes de avión encarecidos, más los variados gastos durante la estadía). Cualquiera podría pensar que además de su propósito de saqueo es una agresiva acción de venganza política contra esos mismos cubanos y los muchísimos más que envían remesas, quienes tras exiliarse en USA y otros países para escapar de los desmanes de la dictadura cubana en el poder por más de medio siglo, contradictoriamente aportan a la <<causa>> que les llevó, precisamente, a tener que abandonar su país.

[2] Brigadas de Respuesta Rápida: ORGANIZACION REPRESIVA DE FALSO CARÁCTER POPULAR creada por los gobernantes cubanos a nivel de barrio, centro de trabajo o determinadas zonas con el propósito de arremeter contra los que se atrevan a manifestar ideas opuestas a la revolución o realicen activismo político contra el Partido Comunista; la integran militantes del referido Partido y de la Unión de Jóvenes Comunistas, personal de la Seguridad del Estado y elementos de Unidades Elites de la Policía Nacional Revolucionaria, miembros de Tropas Especiales del Ministerio del Interior y otras Unidades Militares de Designación Especial quienes para estos <<menesteres>> actúan vestidos de civil. Además, forman parte de esa <<tropa de choque>> personas no militares, entre ellos ciertos contingentes de trabajadores; todos se destacan como esbirros al servicio de la dictadura cubana. Este tipo de organización es una versión moderna de los Voluntarios y Guerrilleros que apoyaron a los gobernantes españoles en la época de la Colonia con igual conducta al realizar diferentes acciones represivas contra la población criolla, sobresale, entre ellas, la orquestada provocación que condujo al criminal Fusilamiento de los Estudiantes de Medicina en La Habana de 1871; o el accionar de los llamados <<porristas>> que apoyaran al Presidente Gerardo Machado en la etapa dictatorial de su mandato; o el brutal comportamiento de los Camisas Pardas del Partido Nacional Socialista (NAZI) que atropellaran y asesinaran a todo aquel que en Alemania se atreviera a levantar la voz contra Adolfo Hitler.

Fotos adicionales

Imagen del antiguo Teatro APOLO, llamado Cine Primero de Mayo. Julio 2014.
La edificación donde radicara la Oficina Central de Laboratorios Gravi, S. A. y la planta elaboradora de la famosa pasta dental. Un letrero la identifica en los tiempos que corren: Tribunal Popular de Jovellanos. Foto 2010. 

El Periódico JOVELLANOS

Publicado abril 12, 2020 por Jorge
Categorías: Prensa de Jovellanos, Uncategorized

Desde la segunda mitad del siglo XIX hasta mediados de la siguiente centuria, Jovellanos contó con la estimulante presencia de una prensa autóctona de creciente calidad. A partir de 1959 desaparece por completo toda oportunidad para su existencia. Años después, gracias a la libertad en el exilio, resurge para nosotros – los oriundos de Bemba – esta importante manifestación de la libre expresión… Es así que en reunión del Ejecutivo del Municipio Jovellanos en el Exilio, a propuesta del señor Antonio <<Chichí>> Génova, se determinó crear una publicación que divulgara sus acuerdos y actividades, sirviera de vínculo entre los jovellanenses y ayudara a mantener viva la memoria de nuestro pueblo en el exilio. Esta iniciativa cobró vida el 25 de Agosto de 1977 con la aparición del primer número del Periódico JOVELLANOS. Chichí tiene entre sus muchos méritos resultar  elegido su director, cargo que ejerció durante 21 años realizando una intensa labor para conformar, editar, distribuir y hacer llegar al mayor número posible de coterráneos el destacado órgano de prensa. Contó con un grupo de colaboradores que lo secundaron activamente, entre ellos nuestra Esther Quintero, Ramiro Curbelo (padre e hijo), José <<Memén>> González, Adalberto Pérez, Fernely García, Rosario Correa, Fidelia González y Reina Rodríguez.

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Portada del último número del Periódico JOVELLANOS. Aparece el rostro de Antonio <<Chichí>> Genova dibujado con inusual maestría por el talentoso jovellanense Ton Katá.

El Periódico JOVELLANOS logró una edición mensual en sus primeros tres años de vida, después su salida se espació debido a insuficientes colaboraciones y la disminución de las contribuciones económicas, con el resultado de que se produjera un impasse desde Marzo de 1992 a Enero de 1993. A partir de esa fecha, gracias a la tenacidad de su director y sus más cercanos colaboradores, lograron reactivar su salida cada dos meses hasta su último número en Junio de 1998, en el que Chichí publicó un artículo despidiéndose de las tareas en el Periódico debido a su delicado estado de salud; en su emotivo recuento, con la humildad que siempre le caracterizó, resumió la labor realizada y agradeció a todos los que ayudaron a consumar esta obra de amor a nuestro pueblo.

No pocos jovellanenses dispersos por el mundo aportaron amenos escritos con sus recuerdos, enviaron cartas y expusieron diversas opiniones, muchas para agradecer y felicitar la presencia del Periódico, otros contribuyeron con el pago para recibirlo o utilizaron sus páginas para anunciar sus negocios; especial aporte realizaron Manolo y Migdalia Álvarez, quienes donaron las impresiones.

El Periódico abarcó asuntos de interés, entre ellos artículos de opinión, temas relativos a la memoria de nuestro querido terruño, especialmente en recuerdo de hechos,  personalidades y amados lugares, reseñas de cartas e informaciones llegadas desde ciudades de los Estados Unidos y otros países, comentarios y noticias sobre sucesos del Jovellanos que vive en nuestro país de origen, escritos sobre fechas patrias resaltando hechos y personalidades de la Historia de Cuba, en especial la difusión del pensamiento martiano, informaciones científicas, históricas, culturales y deportivas, fotos del recuerdo y de la actualidad, poemas, caricaturas, viñetas, anuncios clasificados y las cautivadoras informaciones de las Crónicas Sociales que con dedicación nos regalara en cada número, puntual y precisa, nuestra Esther Quintero, en las que se recordaba y felicitaba a los cumpleañeros y quinceañeras, los nacimientos de jovellanenses en el exilio, aniversarios de matrimonios y nuevos matrimonios, viajes, graduaciones, traslados de residencias, enfermos y notas de dolor que incluyeron a personas que vivieron y fallecieron allá, en nuestro pueblo. Cómo no mencionar, aunque tan sólo sea una estrofa, de uno de los poemas que Fidelia González nos obsequiara, dignos de figurar entre lo mejor de las letras cubanas:

                                     “Recuérdame”

                      “…Recuérdame en la noche bordada de luceros,

                       en los gratos acordes de una vieja canción,

                       revive los momentos felices que se fueron,

                       no dejes que el olvido marchite esta ilusión…”

Portada del JOVELLANOS SOCIAL CLUB de Septiembre 2007.

Años después renació este medio informativo limitado – según lo calificaran sus editores – bajo un nombre dirigido a garantizar las contribuciones económicas y poder sufragar los gastos del envío por correo postal, creándose suscripciones con los interesados en recibirla. Surgió con similar contenido el JOVELLANOS SOCIAL CLUB bajo la exitosa dirección de José <<Memén>> González y su hermano Carlos apoyados por algunos colaboradores, el cual contó con una salida trimestral a partir del año 2006; tengo entendido que dejó de publicarse hace algún tiempo…

Nuestro Periódico en el exilio dio continuidad al fecundo acontecer de la prensa en Jovellanos, tradición  que trató de sepultar en el pasado la llamada revolución cuando arrebató a los cubanos, entre otros derechos, el de la libertad de expresión; fue obra de extraordinario valor, fruto del amor, la inteligencia y la perseverancia que con total desinterés dedicó Antonio Génova, Chichí, al quehacer de su pueblo, junto a la meritoria labor de sus colaboradores. Si alguien tratara de escribir alguna vez acerca del pretérito acontecer de la localidad en que nacimos, obligadamente deberá acudir, entre otros materiales importantes, al tesoro documental expuesto en sus páginas.  

Por lo demás, las remembranzas en fotos, comentarios y opiniones aparecidas en las redes sociales sobre la destacada actividad de los jovellanenses son legítimas expresiones de nuestra prensa en libertad. A la gente DE NUESTRA QUERIDA TIERRA, un saludo de Jorge Lázaro Ramón Gómez. Gracias.   

Algo inusual

Publicado marzo 29, 2012 por Jorge
Categorías: Carlos Rojas, Cuba, Jovellanos, Joven Club, Matanzas

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El pasado 22 de Enero de 2012, recibí un comentario en el artículo: “Carlos Rojas: el más cercano y querido vecino”, procedente de la dirección electrónica: gloria01013@mtz.jovenclub.cu

El mensaje decía textual –  incluyo el uso indiscriminado de letras minúsculas cuando debieron usarse mayúsculas – cito:

“El nombre del escultor que hizo la estatua de martí en la plaza de la revolución es Juan José Sicre Vélez y no Sucre como aparece en el artículo.”

Demoré unos días en darlo a conocer porque no había revisado el sitio hasta el mismo momento en que lo publiqué. De inmediato respondí, en febrero 9, 2012 a 12:11 am, de la manera siguiente:

“Gloria pido disculpas por la demora en publicar tu valiosa crítica. Hace un momento, en cuanto leí tu mensaje, enmendé el error. Agradezco tu gentileza al contribuir a la correcta ortografía en el apellido de tan importante escultor cubano autor de la estatua del Apóstol erigida antes de 1959 en la Plaza Cívica José Martí, nombre verdadero de tan importante lugar construido para venerar al Maestro. Agradezco también que desde un Joven Club de Matanzas se tomen interés en este modesto blog en el que expongo recuerdos e informaciones De Nuestra Querida Tierra. Me tomé la atribución, preocupado como tú por la ortografía, en poner mayúsculas a las letras iniciales de las siguientes palabras de tu mensaje: Martí, Plaza y Revolución, las tres lo requerían. Ambos debemos ser más cuidadosos. Respetuosamente te saluda, Jorge.”

Pero días atrás noté que en las estadísticas de los comentarios recibidos, algo no se corresponde con la realidad. Encontré que desapareció uno físicamente, el enviado desde gloria01013@mtz.jovenclub.cu.

No parece extraño que eso ocurra por su procedencia, quizás la respuesta no les agradó por obvias razones. Tal comentario quedó registrado en otro lugar donde no lo pudieron borrar y ahora, al publicarlo por segunda vez, creo enmendar un error posiblemente ejecutado desde el mismo sitio; no dudo pronto hagan desaparecer también la dirección electrónica apuntada. De nuevo agradezco a Gloria y al interés de un Joven Club de Matanzas por este modesto blog. Lo ocurrido es algo inusual.

En memoria de Armando

Publicado marzo 21, 2012 por Jorge
Categorías: Armando, Carretera Central, construccion, Cuba, Holguín, Jovellanos, Tacajó

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DE NUESTRA QUERIDA TIERRA consagra sus páginas a Jovellanos y  a los jovellanenses. Hoy hace merecida excepción para hablarles de alguien que no nació, ni creció, ni se vinculó directamente con mi pueblo; sólo una vez pasó por allí, como recordó en una de sus conversaciones conmigo, al viajar a través de la Carretera Central desde Holguín hasta la Habana. Este pequeño relato lo dedico a su memoria:

Años atrás trabajé en una compañía constructora; mis funciones me vincularon a personas a las que tomé afecto; ha pasado el tiempo y quiero hablarles de una de ellas. No tengo su biografía y datos que me permitan precisar su destacada personalidad, pero para mí, en este caso, vale la pena arriesgarme a lo inexacto, de antemano me disculpo. La información de que dispongo proviene de conversaciones personales, de escuchar y ver actuar a este señor al dirigirse a diferentes empleados por asuntos laborales, de presenciar su maestría persuasiva para convencer a clientes que exploraban la posibilidad de contratar los servicios de la compañía; en los hechos pude comprobar que fue uno de sus representantes de éxito.

Me siento obligado a contarles acerca de él, en especial, porque más de una vez me habló de sus hijos y también le conté del mío; comprendí cuánto quería a los suyos y que ambos disfrutábamos el sublime sentimiento: la gracia divina de ser padres.

Armando Ibarra nació a mediados de la década del cincuenta del pasado siglo en Tacajó, central azucarero situado unos treinta kilómetros al este de la ciudad de Holguín, en la antigua provincia de Oriente, en la República de Cuba. Extensos campos de caña con sus polvorientas o enfangadas guardarrayas de profundos canarreos, el paso de numerosas carretas cargadas de caña de azúcar arrastradas por sus yuntas de bueyes, extensos palmares y arboledas, el ruido de las maquinarias del ingenio y el peculiar olor de las mieles durante la molienda – el mejor de los perfumes – junto al benefactor ambiente y el cariño en el seno de su hogar, fueron los factores primordiales que conformaron su acendrada cubanía, su franca y campechana manera de expresarse y actuar.

Su niñez y primeros años de juventud los pasó en el batey del ingenio. Allí cursó estudios primarios. Junto a sus compañeros de juegos participó en numerosas travesuras y el hecho de ser hijo de un importante directivo del central, propiciaba que llegaran rápidamente las quejas a su padre, quien le reprendía severo. Cuando sus progenitores deciden marchar al exilio, en los Estados Unidos, las autoridades le impiden acompañarlos por estar en edad militar. Quedó transitoriamente en casa de familiares. Le gustaban las matemáticas, mostraba habilidad al hacer cálculos de diverso tipo y efectuar complicadas operaciones con rapidez y exactitud, de lo cual, años después, al trabajar juntos, tuve la oportunidad de ser testigo. Pudo ingresar a la Universidad de la Habana y comenzó la Licenciatura en Matemáticas. Muchas veces caminaba desde la propia escalinata universitaria hasta el albergue estudiantil situado en las cercanías de 12 y Malecón y viceversa; hacía el largo recorrido obligado por las serias dificultades en el transporte urbano y le animaba el deseo de conocer la vida de la capital cubana. No pudo concluir su carrera por el afán de unirse a su familia en este gran país.

Llegó joven, estudió el idioma inglés y consiguió dominarlo. Su preparación y voluntad le permitieron ascender en diferentes ocupaciones labores, se convirtió en exitoso vendedor de maderas y se adentró en el conocimiento de la construcción de modernas edificaciones.

Fruto de su matrimonio que posteriormente se malogró, son sus dos hijos: un varón y una hembra, a quienes amaba entrañablemente. Por el tiempo que ha transcurrido, ellos deben ser hoy personas adultas y quizás prolongaran su estirpe al tener sus propios hijos, quienes hubieran sido sus nietos. Pude conocer a estos muchachos, ambos adolescentes, cuando él los llevara varias veces por la compañía y con orgullo nos los presentara; a ellos les vi en ocasiones ocupar el cubículo de trabajo de su padre mientras éste atendía asuntos en otras áreas.

Armando Ibarara comprueba personalmente el trabajo en una de las obras de la compañía. Mayo del 2003

Mi primera tarea en aquel empleo me la indicó Armando. Me dijo que lo acompañara para determinar las medidas de los espacios interiores en una construcción que estaba a cargo de la compañía; información imprescindible para diseñar las escaleras metálicas que correspondían al proyecto.

Fuimos en su camioneta – Pick Up Truck – de fuerte apariencia con pintura exterior de pronunciado color beige, espacioso interior, bien climatizada, llevaba la radio conectada, sintonizada a bajo volumen a una estación que trasmitía música latina. Conducido por su dueño, el vehículo se desplazaba por calles, avenidas y carreteras por el Gran Miami mientras conversábamos acerca de nuestros lugares de origen, de los males que aquejan a nuestro país debido a la larga dictadura que padece; me habló de sus hijos y yo le conté del mío.

Llegamos al lugar de destino y en los espacios habilitados para instalar las referidas escaleras, procedimos a medir el largo y ancho en la planta baja y en el piso superior, así como la altura entre los pisos. Se mostró cordial con los trabajadores que ejecutaban la obra, observé el respeto y la confianza de éstos a la sana autoridad que se había ganado entre ellos. Personalmente realizó la medición, yo fui su auxiliar.

El viaje de regreso me pareció más rápido, hablamos otro poco y en el parqueo de la compañía, al desmontar del carro, concluí, sin equívoco, que este señor era magnífica persona. En recorridos similares y testigo de su actuación en otros momentos, reafirmé esa opinión.

Bajo sus requerimientos dibujé diferentes planos. Me ayudaba a comprender mejor el sentido y la orientación del objeto de obra, el tipo de material a emplear, detalles significativos que debía desglosar en algunos dibujos y otros aspectos que mis escasos conocimientos en la esfera de la construcción no me permitían entender a cabalidad.

Acudía regularmente al departamento de ingeniería a precisar asuntos pendientes, impartir indicaciones sobre un nuevo proyecto, revisar alguno de los planos o el cálculo del acero y otros materiales requeridos para determinada obra; también nos visitaba porque profesaba especial estimación a personas que laboraban en aquel lugar. Y mientras cada cual continuaba sus tareas, él hacía alguna broma o expresaba comentarios y preguntas sobre temas de interés. Más de una vez le escuchamos decir con satisfacción: “Este es mi departamento de ingeniería…”

El miércoles 21 de Noviembre del 2007, víspera del Día de Acción de Gracias, junto a otros jefes y empleados designados, Armando participó en la distribución de pavo y vino a los trabajadores. “Su departamento” fue uno de los lugares a los que él en persona entregó el obsequio de la compañía. Al rato regresó, y como a veces solía hacer, se recostó, de pie, al marco de la puerta de nuestro local de trabajo y empezó a conversar. No podíamos imaginar, quienes compartimos ese momento, que sería la última vez que le veríamos con vida. Con manifiesta alegría nos confió sus planes acerca del inusual fin de semana largo. Teníamos por delante el jueves, día feriado para Dar gracias a Dios; el viernes, que nos lo cedía generosamente la compañía; y el sábado y domingo, días no laborales; en total, tendríamos un amplio receso, el cual aprovecharía, según nos contaba, para viajar con sus dos hijos en su carro hasta un poblado en el vecino estado de Georgia y pasar el señalado feriado junto a familiares muy cercanos, estupenda oportunidad para compartir con sus retoños durante el extenso recorrido por carretera y en el transcurso de aquellos días; para él sería un gran disfrute filial.

Todo iba bien en el viaje hasta que en apartado cruce de carreteras, en las primeras horas del jueves 22 de Noviembre del 2007, alguien en grado sumo irresponsable y criminal, desconoció las señales de tránsito y se lanzó a gran velocidad sobre la camioneta beige; el violento impacto se produjo contra la puerta del chofer, donde iba Armando, quien a pesar de recibir los auxilios médicos posibles, fallece a las pocas horas. Imagino que en el corto tiempo que sobrevivió al accidente, si en algún instante pudo tener conciencia de lo ocurrido, le reconfortara la idea de que sus hijos quedaran con vida.

Armando Ibarra fue persona de gran valía; no sólo sus hijos y familiares lo recuerdan, él supo ganarse la estimación y el afecto de quienes le conocimos; para mí fue un privilegio tenerlo entre mis jefes. Somos muchos los que siempre lo mantendremos vivo en la memoria.

Mirada al pasado

Publicado abril 12, 2011 por Jorge
Categorías: Cuba, Jovellanos, La Gravi

“MUY INTERESANTE” es una revista mensual, se edita en Madrid, España, su contenido hace honor a su nombre. Hace varios años, a poco de llegar a los Estados Unidos, tropecé con ella por primera vez en la ciudad de Chicago, en una bodega – como se le dice en mi país al establecimiento comercial que aquí se denomina market – llamada “El Panamericano”, cuyos dueños eran  cubanos. Desde entonces, cada vez que tengo la oportunidad de encontrarla, disfruto de sus inteligentes artículos, excelentes fotografías y de su diseño moderno y atractivo.

El ejemplar que cae en mis manos lo hojeo completamente y me detengo en algún artículo, párrafo o fotografía. Selecciono lo que llama mi atención para ir a fondo y le dedico tiempo a su lectura y observación. Aplico este procedimiento al número editado en Diciembre del 2010. Me gustaron muchas cosas, pero al llegar a las páginas 62 y 63 quedé prendado de una imagen que al mirarla detenidamente me transporta a mi natal Jovellanos. Es una fotografía que abarca casi completas las citadas páginas bajo el título: “Toma nota señorito” y apunta de seguido, textual: “Reconstrucción histórica dramatizada de un farmacéutico y su ayudante elaborando fórmulas magistrales…” El resto del texto de la foto y del propio artículo en el que está insertada, junto a otras más, no guarda relación directa con el vuelo de mi imaginación.

“Tome nota señorito”. Foto reproducida parcialmente de la revista MUY INTERESANTE, Diciembre de 2010.

Me atrevo a reproducir esta foto en la seguridad de que los editores de “MUY INTERESANTE” serán indulgentes y no me reprocharán. Me siento obligado a compartir con la gente DE NUESTRA QUERIDA TIERRA el gusto de mirarla no sólo por su indudable valor artístico y su contenido general, sino además, para hacerles partícipes de la fuerte y agradable impresión que esa imagen me causa al remontarme al pasado, nada menos que al año 1927 y permitirme entrar al laboratorio de la Farmacia “La Central”, en Martí No 67, esquina a Daniel González, en Jovellanos, provincia de Matanzas, Cuba. Al observarla cuidadosamente siento emoción y orgullo, para mí no hay duda:

“Me mira sonriente Ignacio López Trélles, tiene el mortero entre sus manos. Paciente y seguro macera los ingredientes en las proporciones adecuadas, escogidos por él con sabiduría y le escucho decir al asistente que tiene a su lado: Tome nota señorito… y le detalla cada uno de los componentes que utiliza y sus cantidades, para que los anote con precisión y quede registrada la fórmula magistral con la cual acaba de crear la pasta dental GRAVI, la Reina de las Cremas Dentales”.

Esta foto es, en fin, una magnífica mirada al pasado de mi querido pueblo.

La Calle Real (I)

Publicado febrero 26, 2011 por Jorge
Categorías: Cuba, Jovellanos

Real fue el nombre de la calle principal y más concurrida de mi pueblo; así le llamaron desde los tiempos de la colonia; de esa manera se quería consagrar la supuesta magnificencia de las personalidades de la realeza y rendir tributo a los monarcas españoles.

Esa calle es tan antigua como los acontecimientos que dieron lugar  al surgimiento de mi pueblo. Se dice que en 1738, en un mapa de la época, es señalado por primera vez un lugar dedicado al corte de madera que por su ubicación corresponde al actual territorio de Jovellanos. Al año siguiente, en 1739, en otro plano, también por vez primera, se muestra al pequeño caserío de Bemba.

En 1756 se establece el servicio postal interior de Cuba con jinetes que partían desde La Habana para recorrer la Isla y llegar a Santiago de Cuba; hacían el cambio de sus cabalgaduras en haciendas y pequeñas aldeas a lo largo del trayecto; esta senda se convierte en el Camino Real de la Isla de Cuba y llama la atención que sus principales puntos y lugares indican hoy el curso por el cual se prolonga la Carretera Central de mi país. Desde aquel tiempo Bemba o sus cercanías inmediatas formaron parte de esta ruta; ello indudablemente favoreció su crecimiento demográfico y económico. Es de suponer que la estrecha y corta calleja a ambos lados de la cual se ubicaron las viviendas y locales que dieron vida a la incipiente aldehuela, fue prolongación o derivación natural de este Camino. De allá presumo la antigüedad de la Calle Real de mi pueblo.

Con el tiempo Bemba creció gracias a la laboriosa actividad de sus moradores, su desarrollo cobró impulso con el surgimiento y auge de la industria azucarera en la zona. Cuantiosa mano de obra de negros africanos sometidos a la esclavitud fueron obligados a trabajar bajo el látigo para cultivar y cosechar la caña de azúcar en las haciendas aledañas y formaron parte de las dotaciones de los centrales azucareros creados en sus alrededores; otros, sin perder su condición de esclavos, pasaron a integrar la servidumbre de familias adineradas del poblado.  En aquellas tierras se daba de todo en abundancia y se desarrolló la ganadería. La industria de la fundición y fabricación de piezas para centrales y trapiches prosperó. La aparición del ferrocarril a fines de 1840 dio impulso a la economía local. Cobró fuerza la parcelación y urbanización.

Cuentan que en aquellos años proliferaron en la Calle Real diferentes establecimientos comerciales, tabaquerías y otros pequeños negocios, entre ellos cafés y hoteles de variada y abundante oferta; a pie, a caballo, o en relucientes coches y volantas, los habitantes del lugar, mostrando sus mejores galas, gustaban realizar sus paseos por esa calle. Asimismo se realizaban paradas o desfiles, procesiones y otros festejos cívicos y religiosos a lo largo de la misma. Por esa vía también deambulaban algunas personas de pobrísima estampa pidiendo limosna y amparo.

En esa época el aspecto general de Bemba era similar al de otros pueblos del interior del país. Sus calles sin pavimentar, algunas convertidas en puros lodazales en tiempos lluviosos, permanecían casi a oscuras en la noche debido al escaso alumbrado público; muchas de las viviendas a ambos lados de las mismas eran viejos caserones de alto puntal, de enormes puertas y ventanas, en las que se mantenían costumbres patriarcales. La Calle Real, en aquellos tiempos, fue testigo excepcional de no pocas actividades conspirativas y protestas contra la dominación colonial española.

El establecimiento en 1858 de la Administración de Correos; la creación en 1868 del Tren especial de cargas a Bemba para transportar los productos desde nuestra zona hasta Matanzas y la instalación del alumbrado público de keroseno en Agosto de 1870, marcaron momentos importantes en la vida de nuestro pueblo. Bemba se había convertido en próspera población y florecía su Calle Real.

Ante los avances y el pujante desarrollo de nuestra población, el 13 de Septiembre de 1870 se decide por las autoridades españolas cambiar la denominación  de Bemba por la de Jovellanos en homenaje a Don Gaspar Melchor de Jovellanos, destacada personalidad española y universal, nombre que ostenta con orgullo mi querida tierra desde entonces y para siempre. El 14 de Diciembre del propio año se le concede a Jovellanos el título de Villa. Como es natural, parte significativa de las festividades y agasajos por tales acontecimientos se desarrollaron en la vía más importante de mi pueblo.

De muchos otros hechos históricos ha sido testigo la Calle Real, entre ellos:

– Parte significativa de la vida y la obra de Domingo Mujica: recordar que nació el 15 de Septiembre de 1865 en la casa situada en la esquina de Real y Obispo, lugar que después ocupara la tienda de víveres “La Aurora”, hoy Museo Municipal que lleva su glorioso nombre. Años después esta calle podría dar fe de su actividad conspirativa y de muchos hechos protagonizados por él en defensa de nuestra cubanía. El 12 de Agosto de 1895 le llevaron esposado por toda la calle Real, como trofeo de guerra; recordar que  tras desigual combate fuerzas españolas lograran apresarlo a pesar de su resistencia y que llenos de emoción y dolor los jovellanenses le vieron pasar con la frente altiva, mientras algunos españoles trataron de humillarlo con gritos y denuestos. A los pocos días fue fusilado tras  rápido juicio sumarísimo. Recordar que en Enero de 1898, al ser evacuadas del pueblo las últimas fuerzas españolas la población se manifestó jubilosa y creció el alborozo popular en la calle Real cuando algunos patriotas buscaron a los peninsulares que habían humillado a Mujica y los obligaron a gritar repetidas veces “Viva Cuba Libre!”, “Viva Domingo Mujica!”.

– El 29 de Diciembre de 1898 hizo su entrada en Jovellanos el general Clemente Gómez y sus fuerzas insurrectas, recorriendo, entre otras, la Calle Real, siendo acogidos con regocijo por los pobladores. Semanas después llegó su Estado Mayor y entre sus oficiales, el médico Coronel del Ejército Libertador Antonio Esperón, natural de Jovellanos.

– El 20 de Febrero de 1899, el tren que conduce hacia la capital del país al Generalísmo del Ejército Libertador Cubano, Máximo Gómez Báez, se detiene en Jovellanos, se estaciona en medio de la localidad, en la Línea y la Calle Real. Allí se reunió con la madre y la hermana de Domingo Mujica, señora Juana Carratalá y señorita María Mujica, y aunque no existe constancia de lo tratado, de seguro les ofreció sus condolencias, les brindó apoyo y consuelo y reconoció la grandeza del ejemplo de Domingo. Ese día Gómez y sus acompañantes dieron un corto paseo por el pueblo, fue aclamado entusiastamente por los jovellanenses y para orgullo nuestro, en acto oficial fue proclamado hijo adoptivo de Jovellanos.

Existe un documento* que relata las opiniones de un visitante a nuestra población publicado en 1919, en el que, entre otros asuntos, se dan impresiones acerca de nuestra Calle Real, la que en ese momento se nombra Martí. Allí se dice:

 “El pórtico de la calle Martí, que es para Jovellanos lo que es el Boulevard des Italiens para París, es una magnífica película cinematográfica en la que desfila toda la población de la ciudad y de los alrededores.

“Prominentes y humildes, candidatos políticos y políticos tronados, guajiros de raza blanca y de color, negritas que se forjan la ilusión de ocultar el ébano de sus mejillas bajo una capa de polvo de talco o de arroz, lindísimas mujeres criollas auténticas, hombres del pueblo bajo que hablan en voz muy alta, apareciendo deseosos de contar a todos sus asuntos particulares, y a veces algún pordiosero de muchos años y de muchas dolencias físicas y morales que pide una limosna para vivir todavía…
 
“Todos estos tipos pasan y vuelven a pasar por el pórtico, curioseando por el frente de los restaurantes completamente abiertos, en donde cada día suelen almorzar o comer los forasteros, que son las novedades de Jovellanos.
 
“Y afuera del pórtico, por la calle, se alternan automóviles, carretas y gente del campo, jinetes en esos caballitos criollos que corren sin sacudimientos para los que los montan, moviendo las ancas con mucha coquetería…”

* Acerca de la Cultura Cubana. Excursiones por la provincia de Matanzas: Parte 2da: Jovellanos. Editado en 1919 por Adolfo Dollero. (Tomado de Internet)

Continuará…

Breve mensaje de Navidad (II)

Publicado diciembre 3, 2010 por Jorge
Categorías: Cuba, Jovellanos, Navidad

Respeto a quienes piensan diferente, pero reafirmo que el 25 de Diciembre es la fecha más importante de todas porque celebramos el nacimiento de Jesús, el hijo de Dios, origen y verdadera razón de la Navidad.

Feliz Navidad y próspero 2011 !

Su prédica y su obra de hacer el bien y amar al prójimo, su ejemplo de humildad y el excepcional sacrificio de su vida por la humanidad fundamentan los festejos navideños. Eso no lo debemos olvidar.

A mis queridos familiares, a mis amigos, a mis lectores, a los jovellanenses, a todas las personas, les deseo una Feliz Navidad, y paz y prosperidad en el Nuevo Año. Un fuerte abrazo, Jorge.