Archivo para abril 2009

Desde La Gravi: Juguetes para los niños pobres

abril 8, 2009

 El “Día de los Reyes Magos” rememora la visita de las majestades del Oriente al venerado niño Jesús a poco  de su nacimiento. Tras la estrella que les indicara el camino a Belén fueron a rendirle homenaje y entregarle regalos.

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La fachada del inmueble que antaño albergara la Oficina de La Gravi en Jovellanos. Desde aquí salían los Reyes Magos para entregar juguetes a los niños pobres.

Foto de Febrero del 2009.

En Cuba y diversos países este hecho se convirtió en hermosa tradición. El 6 de Enero de cada año se ofrecen obsequios  a los niños en recordación del especial acontecimiento. Hay otras naciones en que ocurre de forma similar, pero se hace el día de Navidad y quien realiza la visita es Santa Claus.

Colmados de ilusión y fantasías, al acercarse la fecha, la inmensa mayoría de los chicos procuran mostrar el mejor comportamiento para merecer el regalo que anhelan. A muchos les acompaña la fortuna de recibir hasta más de uno, otros ninguno aunque sus conductas sean iguales o mejores a la de los anteriores.

Como es natural, tales obsequios  deben ser comprados por padres y familiares. Los más humildes no disponen de los recursos necesarios y quedan sus pequeños sin el merecido presente.

Sin embargo, siempre hay quienes están dispuestos a tender la mano a los que menos tienen. En mi pueblo, entre esas personas, siempre estuvieron en primera fila los trabajadores de “LABORATORIOS GRAVI, S. A.”, quienes nos legaron un destacado ejemplo de hacer el bien al cumplir una de las más caras ilusiones infantiles con la entrega de juguetes a los niños pobres el “Día de los Reyes Magos”.

Esta idea surgió entre los empleados de la Oficina de la querida firma, situada en  la calle Enrique Villuendas No 2,  en Jovellanos, provincia de Matanzas, Cuba.

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Diciembre de 1956. Foto de los empleados de la Oficina de La Gravi en Jovellanos. Están casi todos, falta “Chelín” y quizás alguno más. Protagonistas de hechos importantes, especialmente en hacer el bien. Son ellos:

Sentados, de izquierda a derecha: Ramón Quirantes, José H. Pérez, Alfredo Arozarena. Agachados: Antonio Génova, Orlando Díaz y José R. Vázquez.

Detrás en el mismo orden: Esther Sánchez, Esther Quintero, Reynold Rodríguez, Juana Rodrigo, Plácido Valdés, Reynaldo Montero, Roberto Asso, Armanda Curbelo, Aracelia Bidondo, Aida González, Servando Gutiérrez, Mario Montero y Mario Cubas.

Al final, en igual sentido: Leandro Lima, Rubén Vicente, Raúl Freire, Manuel Piedra, Ismael González, Bienvenido Morales, Arístides Menéndez, Marino Quirantes, Aníbal Valdés, Orlando Nodarse, Agapito Ramón, Arístides Brito, Romualdo Hernández, José M. Molero e Israel Dominguez.

La experiencia de varios de ellos durante la niñez al no recibir ni tener un juguete no dudo fuera la inspiración que les animara. Los objetos que utilizaban para jugar eran resultado de la necesidad y la inventiva: un aro metálico con un alambre grueso o una goma de carro vieja rodados a todo correr por calles y trillos; “trencitos” hechos con latas de sardinas vacías que despedían humo por la rudimentaria chimenea mediante un pedazo de estopa empapada en petróleo que ardía en el espacio de la “locomotora”; “carriolas” y “chivichanas” construidas con desechos de madera y  sus ruedas de cajas de bola en desuso; escopetas de chapas (tapas de botellas) muy peligrosas por el probable impacto en la cara; y otros “novedosos” artefactos.

 Paliativos que de alguna manera llenaban el vacío de tales carencias, en ocasiones estos objetos despertaron la admiración de quienes preferían intercambiar sus costosos juguetes con los propietarios de tales “inventos”.

Años después muchos de estos ingeniosos cachivaches se vieron obligados a “reinventar” los niños cubanos cuando por decreto gubernamental  se les quitó el “Día de los Reyes Magos” y se convirtió en una odisea conseguir algún juguete.

Vista parcial de la Oficina Central de Laboratorios Gravi, S. A. Podemos ver claramente algunos de sus trabajadores: Delante, Juana Rodrigo, le sigue Esther Quintero. De espaldas, quizáz es Orlando Fernández. Detrás, a la derecha, Aníbal Valdés, y continúan José M. Molero, Manuel Piedra y Reinaldo Montero (totalmente de perfil). Al fondo, Agapito Ramón. (Perdón si hay alguna inexactitud)

Aproximadamente en 1955 cobró vida la humanitaria iniciativa. Fue encabezada, entre otros, por: Rubén Vicente, José Manuel Molero, Plácido Valdés, Arístides Brito, Reynaldo Montero, Esther Quintero, Armanda Curbelo, Aracelia Bidondo, Ramón Quirantes, Humberto Vidal, Manuel Piedra, Roberto Asso, Ismael González, Juana Rodrigo y Agapito Ramón, promotor de esta gesta.

Fueron secundados por la generalidad de los trabajadores de la Compañía con aportes monetarios de acuerdo a sus posibilidades y no pocos participaron en la preparación y entrega de los  juguetes. Sus ejecutivos, además, brindaron facilidades a esta tarea que esencialmente se desarrolló en horario extralaboral y autorizaron la solicitud de ayuda a viajantes y abastecedores de la empresa, quienes acogieron calurosamente la idea y contribuyeron con recursos importantes. Otras personas también colaboraron.

Una vez en poseción del dinero recaudado, los organizadores analizaban las disponibilidades de las tiendas y almacenes de la capital del país que vendían juguetes modestos a los mejores precios en concordancia con la variedad de edades y sexos para establecer el mayor volumen y características de la probable compra.

De hecho era el pronóstico a partir del cual se efectuaba un censo con la participación de trabajadores de esta entidad. Visitaban barrios y lugares  humildes, incluso en zonas rurales, recopilando información de las familias necesitadas y los infantes que la componían. Con esos datos se establecía definitivamente cómo efectuar la operación y favorecer el mayor número posible.

En ómnibus o en el auto particular de alguno de los encargados de efectuar la transacción en las tiendas y almacenes previamente determinados, viajaban hasta la ciudad de La Habana a finales de Diciembre .  En los dos o tres primeros días de Enero se trasladaban a Jovellanos los artículos adquiridos; con tal propósito se aprovechaban los viajes de los camiones de la propia empresa que retornaban vacíos  después de llevar productos a la capital.

La directiva de la Sociedad Liceo de Jovellanos cedió varios de sus locales para almacenar, preparar y realizar la entrega. Se destacaron en el apoyo a esta meritoria actividad el presidente de la mencionada institución, señor Carlos López, hombre de buen corazón, y los señores Roger González y Manuel Cabrera.

Los organizadores  seleccionaban al personal que junto a ellos, en su tiempo de descanso, ejecutarían la clasificación y prepararían las jabas o paquetes por edades y sexos a fin de tenerlos listos oportunamente. Esta labor requirió trabajar más de una vez hasta altas horas de la noche y avanzada la madrugada.

Al atardecer del 5 de Enero comenzaba la distribución. Los padres y familiares de los niños previamente acreditados mediante una boleta o recibo emitido por los organizadores, acudían a recojer sus juguetes, marchándose del lugar regocijados, satisfechos, pues tenían garantizada la visita de los “Reyes”.

Pude presenciar a numerosos miembros de familias  muy humildes no censadas por diferentes motivos, que acudían con la  petición de incluir a sus hijos o sobrinos, pues también querían darles esa alegría. Mi padre y sus colaboradores los escuchaban, a varios pudieron complacer  “estirando” al máximo las disponibilidades. Cuando resultaba imposible, apenados, les explicaban pacientemente.

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En la Oficina. De pie Rubén Vicente, sentado Agapito Ramón. A la izquierda parte del rostro de Roberto Asso. Amigos, además de compañeros de trabajo. Conversan y ríen, comparten alguna jocosidad. Tiempos en que junto a muchos otros realizaban la repartición de juguetes a los niños pobres.

Junto a otros muchachos de mi edad me permitieron ayudar en la preparación y entrega de los preciados regalos… En respuesta al pedido desde la puerta del Liceo: “Para una niña de 6 años…”  buscaba la jaba en la hilera correspondiente y rápido la llevaba al encargado de entregarla, quien después de comprobar debidamente el documento, facilitaba el paquete a la persona indicada.

Esta inolvidable gesta se realizó durante algunos años hasta alcanzar en el último reparto de juguetes la cifra de dos mil quinientos niños que los recibieron en esa oportunidad. Muchos padres y familiares  recordarán agradecidos a los artífices de miles de sonrisas infantiles el “Día de los Reyes Magos”.

Soy uno de los especialmente agradecidos por razones semejantes. La aguda complicación de la situación política en el país a finales de la década de 1950 obligó a mi padre a permanecer largos meses alejado de su hogar y su trabajo. El 6 de Enero de 1958, durante la prolongada ausencia, sus compañeros de la Oficina dieron a sus hijos un magnífico “Día de los Reyes Magos”,  prodigándoles los mejores juguetes que jamás tuvieron.

Entre los hechos sobresalientes de la historia de nuestro querido pueblo,  la entrega de juguetes a los niños pobres permanecerá para siempre como hermosa obra fruto del noble y generoso corazón de “Laboratorios Gravi, S. A.”

Un comentario sobre la primera foto de este trabajo: Oculto bajo gruesa capa de pintura se aprecia el destacado relieve de uno de los dos tubos de la Pasta Dental Gravi que allí existieran. Fueron las réplicas aumentadas de aquellos que en los bajos de este mismo local se fabricaban. Se erguían en el emblemático lugar como símbolos orgullosos de la Reina de las Cremas Dentales. Afirman que este sitio alberga en la actualidad al  llamado Tribunal Municipal Popular.